Existe una clase de viajantes del –a veces
tristemente- célebre Sarmiento que no es pasajera: se trata de una tripulación
que viaja a contramano y a contraturno, y día tras día encuentra en esos
vagones su fuente de trabajo, ya sea vendiendo artículos “para el bolsillo del
caballero y la cartera de la dama” o musicalizándonos un par de estaciones.