sábado, 4 de abril de 2015

Perdedores hermosos

En el patio del Auditorio, tras las pruebas de sonido y a poco de arrancar, Pepo San Martín nos habló de las banderas, la Patria, el under, y el estoico convencimiento de que para lograr algo hay que seguir remando. Como un estigma imborrable, ya su nombre lo planta en una orilla política que defiende y reivindica.



  Científicos del Palo es un power trío que funciona oficialmente desde el 2004, conformado por Popete Andere en bajo, Sebastián Quintanilla en batería y Pepo San Martín en voz y guitarra. En su carrera editaron cuatro discos (Ante todo… ¡buenas tardes!, Indigencia y distancia,  Gorilophrenia, La histeria argentina), y están preparando el quinto: El Maravilloso del Mundo Animal

¿Cómo se instauró ese código de bardeada que mantienen con el público? En el fondo, ¿es un acto de amor?
Queremos creer que sí. Empezó como un chiste, como hacer lo opuesto al rockstar: “¿Qué hacen, hijos de puta?”. Nosotros nos puteamos todo el tiempo. Al principio no se entiende mucho si no sos un habitué. Hay que dominarlo, medio como un ganado, cada tanto castigarlo. Ahora tocamos en Vorterix el 20 de junio, un riesgo importante porque si sale bien es la apertura al comienzo de otra liga, pero si sale mal es un garrón. Estoy empezando a torcer el código hacia un poco más de seriedad, para que entiendan que necesitamos que realmente vengan. Lo único que tenemos es un horizonte de esperanza, pero somos unos perdedores. Es un fenómeno que nos bancamos a un crecimiento muy lento. 

¿Hay diferencia entre los públicos del interior?
Los chabones que nos van a ver son los mismos que se van cambiando de cara. Me regalan libros en 
todos lados, vienen pibes mucho menores a hablarnos de escritores, de historia… Tienen mucha más 
información que yo; yo soy un imbécil. El perfil es exactamente el mismo, cambian las tonadas por ahí.

¿Podrían tocar con gente con la que no hubiera afinidad política?
No, porque no me sentiría cómodo. De hecho, con nuestro baterista anterior, una de las razones del 
divorcio fue que había actitudes que a mí me chocaban. Había puntos medio irreconciliables. Hasta que se pudrió y bueno, vi que a los dos nos hacía bien no estar en el mismo proyecto.

Cuando una banda toca en un evento gubernamental, ¿se está embanderando o sólo aprovecha la 
repercusión?
Ambas cosas y ninguna en simultáneo. Desde que salió LHA nos abdujeron en varios programas del 
Estado para tocar, y yo no voy. Hay un tema, “El retorno del Estado”, que habla del período actual y casi ni lo tocamos en esos eventos. Para que no se mezclen las cosas. Muchas veces con amor, los pibes que laburan ahí dicen: “Che, tóquense el de Evita”, y como mi gracia es mantenerlos enojados, trato de no hacer lo que se va a esperar que hagamos. El otro día tocamos en la Base Naval en Mar del Plata, un predio donde se torturaba gente, y ahí sí dije un montón de cosas porque de hecho sigue siendo de los militares. Cuando tocamos para el Estado es cuando más me cuido de opinar. Se puede malinterpretar.

Cuando empezaron a grabar LHA, un disco ambicioso, con letras larguísimas y complejas, ¿se esperaban tener semejante difusión, o sentían que se estaban mandando al muere?
Es rarísimo. Yo no sabía qué iba a pasar; sí, que había que hacerlo con el mayor respeto posible. Increíblemente, en lo que es nuestra infraestructura, se multiplicó exponencialmente la cantidad de 
gente. Nosotros somos oriundos de Mar del Plata, y en Capital remamos mucho y no arrancaba. De 
repente con ese disco se llenó dos veces un lugar que antes nos era imposible. Vendimos la primera 
semana más discos de LHA que de todos los anteriores juntos. Fue un paso hacia otra cosa, por suerte 
más “popular”. Es un fenómeno bastante federal: vamos a Mendoza, a Córdoba, a Santa Fe, y siempre hay chabones que nos putean, nos reciben, pero ahora se hizo más serio.

Respecto a lo que decían en Gorilophrenia: “¿Es posible un mundo peor?”, se los nota menos nihilistas…
Es la vejez sobre todo, y hay otras preocupaciones. A mí me dan medio vergüenza las posturas que 
asumen los “artistas”, esa situación de superioridad intelectual, ¿viste? Nosotros tratamos de mantenernos en el medio. Si vamos a bardear algo, tratemos de tener un fundamento. El disco de LHA es también una bardeada, pero con mucho más sustento. Hay mucha más información que en Gorilo. Digamos, se sigue insultando a la Sociedad Rural y a la clase dirigente, pero con otros hechos, demostrando por qué, estudiando. Esa creo que es nuestra mejoría, si se quiere, en los argumentos. 

¿Qué se propusieron con El Maravilloso del Mundo Animal?
De los doce temas, una tercera parte está más orientada a lo que era el audio de los ‘90. Es más oscuro, más depresivo que el disco anterior. También conceptual pero esta vez no hay tanta cosa que tenga que ver con la ideología. Es como una guía para la subsistencia en el mundo para mi hija.

¿Algo así como tus máximas para ella?
Exactamente. Hay un disco de Larralde que se llama Herencia para un hijo gaucho, que es básicamente eso, el chabón mostrándole al hijo cómo comportarse, cómo subsistir. Yo hice lo mismo. Cada tema tiene una cita de Larralde, a modo de homenaje. Cada tema es un área de la vida en sociedad, desde el amor hasta la muerte, cada tema es una situación.

Vuelven mucho a esto de los homenajes, hasta tienen un tema con un extracto de Juan Moreira. Ese mundo gaucho tiene un sentido muy patriótico…
Sí, lo nuestro no es un nacionalismo de derecha, es simplemente el reconocimiento. Hacemos un género que en sí es foráneo. Tratamos que de alguna manera tenga algún elemento nacional, no hacer lo mismo que una banda en California. Sería medio en vano tratar de emular las mismas condiciones, creo que el atractivo de un artista es lo que te puede contar de lo que ve.

Marzo/15

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