Arriba del escenario, con sus Ray Ban y encapuchada, está la canchera y feroz Miss Bolivia. Abajo, de cara lavada, el tono sereno de Paz Ferreyra nos hace dudar si es la misma persona. Dos caras de la misma moneda, reinventándose y retroalimentándose.
Llegamos a los estudios Sony, en el corazón
de Colegiales, y vamos derechito para el último piso. Ahí está la petisa de
rastas, recién vuelta de una gira por Europa. Miau, su segundo laburo de estudio, está sobre la mesa, y ella va
largando una nota tras otra. En esa vorágine deja entrar canales de televisión
y también medios independientes; su música, de esencia under, también es
permeable a los grandes escenarios. Si Miss Bolivia hoy “la está pegando”, no
es casualidad ni es por tener un gran sello discográfico, sino por todo el
laburo que hay detrás.
Largaste un nuevo disco, con invitadxs de
todo tipo. ¿Cómo te encuentra?
Estoy muy contenta por haber combinado
energía y estilo con estos artistas que admiro tanto: Leo García, Mimí Maura,
Pocho la Pantera, Lisa Kerner. Realmente me hizo sentir muy agradecida y
bendecida con esta situación de que hayan aceptado colaborar en un disco de una
artista emergente como yo, ¿no? También estaba atreviéndome a fusionar sus
estilos, de un modo respetuoso. El proceso de grabación fue hermoso, todo muy
familiar.
Incluso con giras internacionales, ¿te
considerás una artista emergente?
Yo creo que todo el tiempo estás emergiendo.
Habría que repreguntarse: ¿emerger de dónde y hacia dónde? Vengo haciendo un
camino propio hace ya siete años, y es un trabajo autodidacta, por ensayo y
error. Si bien puedo ir y venir del under o del mainstream, como les quieras
llamar, siempre voy a estar en constante emergencia.
Antes de ser Miss Bolivia, eras profesora
de yoga y psicóloga. ¿Cuándo hiciste el click en que la música deja de ser un
pasatiempo?
Antes de dedicarme a full a la música, era productora
en la tele. Repartía mi tiempo entre esas tareas. Nunca trabajé atendiendo
gente en el consultorio, pero sí trabajé en dispositivos de psicología,
escribiendo políticas públicas, más a nivel macro, de corte comunitario. Yo
venía de tocar la batería de forma más amateur, en otros proyectos, y empezó a
bajar esta información de las canciones. Las quise hacer, como hobby, los fines
de semana o teloneando amigos, haciendo tres temas, después compartiendo fechas
hasta que fue tomando más cuerpo y solvencia. En un momento me quedé sin laburo
en el Canal de la Ciudad, me despidieron porque no daba con el perfil…
¿Los dreads?
Los tenía, pero el perfil era de acá
(señala el corazón) y de acá (señala la cabeza). Y ahí yo dije: “¿Hablo con el
gremio para que me reincorporen, o armo mi propia productora? O me aguanto, y
me fijo qué pasa con esto, Miss Bolivia” Decidí aguantar y Paula Maffía,
cantante de Las Taradas, me dijo: “Venite a vivir a casa”. Vivíamos en La Boca,
era una fábrica de pan. Y donde era la cocina me armé mi pieza-estudio y estuve
un año y medio. Eso me permitió grabar el disco y no laburar, pude dedicarme
exclusivamente a eso. Esa fue la bisagra.
¿Qué cambios internos sentiste a partir de
encarar Miss Bolivia?
Me volví un poco más estricta, más rígida,
hay cosas en las que no transo ni ahí. A la hora del laburo me salió mucho más
el guerrero en estos años, también por estar en un lugar que es medio como una
jungla y te tenés que hacer el aguante a vos mismo y si no…
El reconocimiento te da un poder difícil de
manejar…
Sí, pero en ese aspecto nunca tuve
problema. También me rompo el orto, y atravesé situaciones de mucha austeridad
y hasta sufrimiento a veces. Entonces el reconocimiento a mí me llena de
orgullo y estoy agradecida. Yo prefiero usar ese poder para que cuando vos
hablás, hablen otros, no chupártelo todo porque es re tóxico. Una sobredosis de
eso puede ser letal. A veces ya no puedo distinguir al artista de mi yo, pero
porque no hay tanta distancia, no es tan artificial.
Por otro lado hacés tus propias letras,
entonces arriba del escenario hay un reflejo mismo de lo que sos…
Es una “perfo” de lo mío. El show en vivo,
y el estudio, grabar, son las dos situaciones más privilegiadas de mi vida
musical. Todo el resto, el sacrificio, cobra sentido cuando te subís al
escenario. Es un momento sanador, muy ritual.
Invitás a la fiesta pero vas tirando
mensajes, hay mucho de militancia ahí...
No existe un acto estético que no sea
político, por más que insistan, es una toma de posición. Hay mucho que decir,
hay muchos temas que nos afectan. La intención además de disfrutar el placer y
la pasión que me produce la música, hacerla y componerla. Hay que ponerla al
servicio como herramienta de transformación social. Una cosa no puede ir
despegada de la otra.
Como consumidora de marihuana, ¿cómo te
sentís frente al tema de la legalización y las trabas que hay sobre ella?
Soy militante activa por la despenalización
del autocultivo cannábico en sus formas de esparcimiento y medicinales. Creo
que está trabado porque hay mucha mafia y genera muchos intereses económicos,
entonces monopolizan y regulan el mercado sanitario y de los recursos
farmacéuticos, medicinales, y las terapias alternativas quedan a un lado,
penalizándolas y criminalizando al autocultivo. Son abusos de poder. En mis
canciones esa militancia la hago expresa. Creo que los medios no cuentan todo,
entonces el artista es un actor social y comunicador muy importante. Yo elijo
contar esa historia también.
¿Podrías encuadrarte en un género?
Si tuviera que hacerla corta, el estilo es
fusión. Las patas más grandes son la cumbia, el rap y el reggae, el dancehall.
De ahí despego y convoco otros ritmos como el funk, las cosas más electrónicas,
el folklore, un poco de emboque, algunos le llaman reggaetón. Cada vez los uso
menos pero son ritmos que me interesan. El moombahton... Casi ni me pregunto
qué es lo que hago porque es como un tejido.
Tu productor también participa en el armado
de las canciones, ¿cómo es esa relación?
A esta altura puedo decir que tengo un
maridaje importante, ya hace muchos años que trabajamos juntos, con Guille
Beresñak y también con Juanito el Cantor. Este disco ya lo estamos componiendo
en equipo prácticamente, tenemos muchas horas recorridas juntos, mucho camino,
y es como un marido, un hermano musical. Yo puedo no estar y es lo mismo. A
esta altura, si yo vuelvo a los dos días, él avanzó los temas como si yo los
hubiera avanzado.
Ahora entendemos un poco mejor por qué se
baila tan bien su música: con dos vecinos del oeste como amigos y productores,
¿cómo no pegarla? Saludamos a Miss Bolí, encantadas por su amabilidad, y nos
tomamos el palo.
Diciembre/14
No hay comentarios:
Publicar un comentario