jueves, 1 de noviembre de 2012

Desenrejars

 Una seguridad básica, un derecho que sin embargo suele quedar al margen: se trata de la salud psicológica, y de nuestra relación con el entorno social. En una sociedad donde se propaga el anonimato, existen realidades de encierro, estigmatización y represión, que alimentan la inseguridad en vez de contrarrestarla. El arte, desde su función de liberadora de pasiones, es una gran herramienta de reflexión y recreación, que tanto a nivel individual como colectivo, transforma el contexto y construye identidad. 




 “Packo Fariña tiene 19 años y desde los 8 entra y sale de institutos de menores. Ahora se encuentra en libertad asistida. Desde que salió, trata de poner sus energías en ir para adelante y no volver a caer en lo mismo. Sabe que no es fácil. Pero su arte lo ayuda: escribe, baila y dibuja.” Así se presenta el creador de Visible lo invisible, una revista que nace a puro pulmón, y compila colaboraciones de distintxs pibxs, tanto cuentos como poemas. Según nos cuenta, la danza “fue un lindo abre-puertas” para él, y a través de ella y del dibujo pudo sensibilizarse cada vez más, hasta el punto de sentir que fue gracias a eso que pudo rescatarse de la delincuencia. Packo vivió las mezquindades del encierro en carne propia, y entiende que no sólo no ayuda en la recuperación de la gente, sino que genera más resentimiento aun. “Para mí el sistema penal no sirve para nada, sólo te deprime y lastima. Cuando salís en libertad pensás en tu familia, y no querés robar nada más, pero la situación tiende a no cambiar, porque al no haber trabajos es difícil salir realmente”. Es una realidad que dentro de las cárceles se apunta al castigo, dejando de lado cualquier tipo de contención, y una vez fuera no hay un buen recibimiento por parte de la sociedad, que continúa aislando a lxs ex presidiarixs aunque no haya rejas, y no plantea alternativas al problema de la marginación.
 En el último Encuentro Regional de Mujeres, celebrado en Posadas, participamos del taller sobre cárceles y sistema penitenciario. Allí recogimos el testimonio de Mónica, licenciada en Artes Visuales y arteterapeuta, que trabajó durante tres años en la Unidad N°3 de mujeres de Ezeiza. “A mí me sacaron del taller para decirme: ‘No le digas a las chicas que son artistas, porque les generás autoestima'”, confesó con indignación y agregó: "Autoestima, o sea, valoración personal. Y eso es justamente lo que no sucede dentro del penal, porque una forma de dominación es aplastar a lxs sujetos.” Al tiempo de ese suceso cerraron el taller, que tenía 12 años de trayectoria, y con él los anhelos de las mujeres que habían encontrado un oasis en ese desierto de valores. Las obras de quienes lo integraban habían sido expuestas en La Trastienda, ARTEBA y hasta pasaron las fronteras y se exhibieron en Cuba. “El maltrato va absorbiendo por dentro del psiquismo, sumado a esta cuestión de desvalorización que tiene todx internx ya que es consideradx infrahumanx. Yo creo que cualquier persona puede ser artista. Cualquiera que lo haga desde el centro de su verdad y deja parte de sí en lo que haga, es artista”, concluyó Mónica.
 Matías De Brasi, célebre colaborador de Güarnin!, autodefinido como arte-terapeuta, nos acercó su visión no sólo como artista gráfico, sino también desde su experiencia con niñxs, jóvenes y adultxs en diversos programas de salud mental y abordajes terapéuticos. “El arte desinhibe, moviliza. Nos permite comunicarnos y canalizar sentimientos, invita a pensar y pensarnos. Beneficia ayudando en la recuperación física, mental y emocional, incluyendo el alivio de la ansiedad y la disminución de la percepción de dolor. En una sociedad donde muchas veces nos sentimos fuera de control, el arte puede servir como una herramienta terapéutica importantísima, reduciendo el estrés y la soledad y ofreciendo oportunidades para la auto-expresión.” La reclusión en institutos psiquiátricos también es una arista delicada de la inseguridad, ya que, cuando no se trabaja profesionalmente ni se cuenta con una infraestructura adecuada (como es el caso del Hopital Borda, sin ir más lejos), se profundizan los desequilibrios psicológicos, además de aparecer escenarios de precariedad absoluta en donde lxs pacientes son completamente desvalorizadxs.
 Charlamos asimismo con Eduardo Balán, músico, dibujante y maestro, que es además miembro fundador del colectivo cultural Culebrón Timbal, el cual lleva más de quince años en acción en el Gran Buenos Aires. Cuando le pedimos una definición de inseguridad, aseguró: “Es una situación construida, buscada por actores concretos, económicos y culturales. Yo creo que hay una sensación de rotura de los vínculos que nos permiten experimentar que somos una comunidad, y que se expresan en cómo trabajamos, cómo comemos, cómo tratamos a nuestrxs pibxs, cómo viajamos...Transitamos por un modo de vida en el que, pedagógicamente, el Poder intenta convencernos de que hay que desconfiar del que tenemos al lado.” Según Eduardo, “el arte siempre es una dimensión de nuestra acción política” y juega un papel fundamental en la construcción de la propia identidad, así como de los lazos comunitarios. “Ese es su poder político más profundo, su aporte a una sociabilidad más compasiva con nosotrxs mismxs y más esperanzada en nuestras potencialidades de cambio y aprendizaje.
 “La única forma de contrarrestar la cultura de la inseguridad es, como dice Jorge Melguizo, de Medellín, con la cultura de la convivencia.”, remató Balán, dejándonos mucho que pensar. Es importante analizar la función de nuestras instituciones, y ver qué tanto funcionan. Los mecanismos represivos van mucho más allá de la policía: en la escuela, en los manicomios, en las cárceles, en el individualismo, en la soledad y la apatía, en los silencios cotidianos. El arte sana porque nos libera y nos expande, porque nos contacta con aquello que nos enseñaron a esconder, así como genera un puente entre las personas y nos convierte en pares. Bien decía Picasso que “el arte es una mentira que nos ayuda a ver la verdad”. Pero es todavía más: es una herramienta para la transformación social, está en nuestras manos, y hay que animarse a usarla.


Noviembre/12

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