Entre tanta política fanática, existen todavía voces que no se casan con nadie y construyen desde otros ángulos. Una de ellas es Maristella Svampa, socióloga, escritora, pensadora, muy comprometida con las luchas medioambientales que recorren nuestro país. La investigadora compartió unos mates con Güarnin! y analizó la Argentina de hoy, mezcla de pingüinos y corpos.
¿De qué se trata Plataforma 2012? ¿Cómo
llegaste a formar parte?
A fines de 2011 me llegó una propuesta de
declaración crítica con la que me sentí identificada, que tomaba ese nombre:
Plataforma 2012. Somos un grupo pequeño de referencia de 40 personas, con más
de 500 adherentes de distintos puntos del país, y una vez por mes organizamos
una mesa redonda. Venimos de distintas trayectorias de izquierda, pero somos un
colectivo de intelectuales independientes. Nuestro aporte está en esta mirada
analítica, acompañada de propuestas.
¿Qué declaraciones han hecho hasta el
momento?
Empezamos con un documento crítico hacia el
gobierno, el segundo fue sobre mega minería, a raíz de la poblada de Famatina
en enero de 2012. Durante ese año hicimos un pronunciamiento por la tragedia de
Once, también un documento sobre la importación de libros, una de las tantas
medidas delirantes de (Guillermo) Moreno¹ y compañía. Otro fue sobre YPF, que
fue de los más largos y elaborados porque llevó mucha discusión interna, y nos
parecía importante dejar constancia de las diferencias en un tema tan
manipulado y bastardeado por el gobierno. Por último hicimos uno sobre la
ciudad de Buenos Aires y el “boom” inmobiliario, y otro sobre la re-reelección.
Respecto a la cuestión YPF, ¿qué impacto
real creés que tuvo sobre la soberanía nacional?
Creo que ha habido una falsa estatización, y
hay dos cuestiones muy alarmantes: que YPF se plante como una empresa mixta,
que debe asociarse a capitales transnacionales para explotar los recursos,
porque esto limita la soberanía, y por otro lado, la explotación de gas no
convencional, con la controversial metodología de fractura hidráulica o
“fracking”, que objetamos desde el principio. En ese contexto, el retorno del
Estado no garantiza cambios de fondo. El año pasado hubo mucho discurso
descolonizador, y sin embargo las petroleras transnacionales están en distintos
puntos del país, un ejemplo muy elocuente de lo que es el neocolonialismo.
Desde el comienzo de la gestión Kirchner se
empezó a dar una nueva forma de panamericanismo, ahora, con la muerte de Chávez,
¿cómo pensás que va a seguir evolucionando?
El surgimiento de un espacio de centro
izquierda latinoamericana ha sido sin duda muy positivo. Se articuló una
solidaridad continental que antes no existía, hay mucha sintonía entre los
gobiernos, pero siempre ha habido una tensión que tiene que ver con los tres
procesos que los recorren: fuertes liderazgos populistas, una tendencia al
extractivismo y grandes luchas socioambientales. Es claro que esas cosas no van
juntas. O los gobiernos se deciden a pensar en otro modelo de desarrollo,
imaginando escenarios de transición, o se convierten en gobiernos más bien
represivos y consolidan un modelo insustentable en el mediano plazo.
Si bien es un tanto apresurado, ¿cómo pensás
la Argentina del 2015?
La Argentina presenta un escenario tan
vertiginoso que es difícil mirar hacia el futuro. Pero ahora el modelo está
desnudo, muestra claramente sus limitaciones. Así, se ve una exacerbación del
presidencialismo, con rasgos disciplinarios realmente grotescos, en un contexto
de alta inflación, problemas con el mercado de cambio, conflictos laborales
cada vez más intensos. Encontramos un gobierno desgastado, y una oposición muy
débil, con alianzas poco entusiastas: el caso de Pino con Lilita Carrió, o
Libres del Sur con los radicales… La oposición ha hecho mucho por promover su
fragmentación; convengamos que no todo es producto, como diría Borges, de un
“peronismo incorregible”. Ahora emergió una izquierda independiente, bajo la
mano de la Marea Popular y el Frente Darío Santillán, movimientos muy
interesantes, pero que promueven aún más la fragmentación del voto, y
probablemente en las elecciones legislativas el oficialismo tenga un techo de
un 40%, con lo cual, si bien no tiene la mayoría para reformar la Constitución,
va a conservar un alto nivel de legitimidad.
¿Por qué, teniendo un poder tan
incuestionado, el oficialismo no “profundiza el modelo”?
Eso implica hablar del peronismo; el
kirchnerismo es una ilustración del mismo. Si hacés un racconto, se van a
cumplir 30 años de la democracia, y ¿cuántos años no gobernó el peronismo? Son
muy escasos: seis Alfonsín y dos la Alianza. Volviendo al kirchnerismo, hay que
analizarlo en perspectiva histórica: en 2003 Kirchner supo dialogar con
sindicatos y organismos de derechos humanos, instalar un poder ejecutivo fuerte
y volver a traer la política al primer plano. Al principio, se apostaba a la
transversalidad, modelo que fracasó, y entonces se aliaron con los sectores más
conservadores y reaccionarios. Es ahí donde esas posibilidades de cambio que
auguraba quedaron absolutamente limitadas. Son elementos oportunistas y
pragmáticos, típicos del peronismo, al cual se le perdona el cambiar de
orientación ideológica sin que rinda cuentas. Estamos ante la gestión de uno de
los matrimonios más ricos del país, eso es algo que se tiende a olvidar. El
kirchnerismo se juega mucho en lo simbólico, y creer que es puro progresismo o
puro conservadurismo es una equivocación: es una mezcla. Retomo la definición
de Gramsci, estamos frente a una “revolución pasiva”, lo que yo llamo un
populismo de clases medias que se atribuye la representación de las populares,
en gran parte excluidas de ese juego político.
¿Pensás que la recuperación de la militancia
joven, así como el voto a los 16 años, son avances de la democracia?
El protagonismo juvenil no es un invento del
kirchnerismo, ni es pos mortem Néstor. En 2002, después del asesinato de
Kosteki y Santillán, hay una masiva entrada de jóvenes a la militancia social,
mucho más basista que la que hay ahora, que apelaba a la autonomía, a la
horizontalidad de las luchas. La que desarrollan La Cámpora o Colina, por
ejemplo, es promovida por el gobierno, mucho más orgánica, verticalista, y
tiende a formar militantes dogmáticxs. A partir del conflicto agrario en 2008,
hay una exacerbación de lo “nacional popular”, que enfatiza la polarización. La
militancia se fue configurando en torno a consignas simplificadoras como la
“corpo”, el “monopolio”, el “gorila”, que lejos de promover un debate más
profundo, lo cierran descalificando al resto.
¿Cómo evolucionó la mega minería en el país
durante la última década?
El kirchnerismo tenía un punto ciego
discursivo que blanqueó totalmente en 2012, a favor de la estigmatización de las
luchas socioambientales, y se consolidó el modelo extractivo exportador. Hubo más de siete represiones ese año,
muchas de ellas en Catamarca. Con Quique Viale² viajamos a varias
provincias: fuimos tres veces a
Chubut, ya que ahí se pretendía derogar la ley que prohíbe la mega minería, que
fue la primera en sancionarse, en el año 2003, y finalmente no se pudo gracias
a la fuerte movilización de la población. En La Rioja no se avanza en Chilecito
y Famatina por esta misma razón, que continúa muy presente en las calles, pero
en otras localidades sí se avanza, y de hecho el gobierno publicita el modelo
minero. Tal es así que si vos prendés la televisión en La Rioja, el que despide
a los chicos para irse a dormir es un minerito. En Río Negro se derogó esa ley
y se avanzó fuertemente; la embestida está basada en un discurso de necesidad y
urgencia. Las resistencias están al día, pero son luchas cada vez más
asimétricas, y el gobierno nacional ha dado carta blanca a las compañías
mineras.
¿Y si tenemos en cuenta, como contrapartida
a la ecología, que la minería es una fuente de trabajo?
La mega minería es capital intensivo, no
trabajo intensivo. En el libro Los 15
mitos de la minería transnacional, que hicimos con el colectivo “Voces de
Alerta”, mostramos que más allá del terrorismo estadístico del Secretario de
Minería, Jorge Mayoral, quien dice que hay 500 mil puestos creados, como máximo
son 28 mil. Por cada millón de dólares que se invierte se crean entre 0,5 y 2
puestos de trabajo directo. Muchos requieren una formación técnica que no
suelen poseer las comunidades aledañas, que terminan en servicios menos
calificados, durante el periodo de construcción y mucho menos en el de
explotación. Hay pueblos que dependen mucho más de la minería, pienso en Cerro
Vanguardia para la comunidad de San Julián, las promesas en Malargüe con el
potasio Río Colorado, o Belén y Andalgalá y las promesas de La Alumbrera. Esas
empresas aparecen como dueñas del territorio, y en muchos casos desplazaron a
las verdaderas economías regionales.
Hoy en día, ¿frente a qué dificultades se
encuentra un/a científicx social a la hora de emprender cualquier tipo de
investigación?
Yo
soy investigadora principal del Conicet. No acuerdo con la política científica kirchnerista,
discrepo con (Lino) Barañao³ y otrxs científicxs, que tienen una visión
productivista del progreso. Ni que hablar de la alianza con las corporaciones:
pienso en el lugar cada vez mayor del modelo sojero y el minero en las
universidades públicas. Pero nada es homogéneo. Puedo afirmar que en estos años
ha habido mucha libertad para proponer investigaciones, siempre que estén
sólidamente fundamentadas. En el Conicet el comité de pares evalúa los
proyectos, lo cual da mucha pluralidad a la ciencia argentina. Ahora dirijo un
PICT (Proyecto de Investigación Tecnológica y Científica) en el cual hay por lo
menos treinta personas trabajando, financiado con subsidios públicos, y nunca
tuve problemas.
¿Continuás con tu faceta narrativa? ¿Qué
corrientes te inspiran?
Estoy por publicar mi tercera novela, El muro. Estoy muy lanzada en el camino
de la ficción, en la tradición de la novela política, que es la vertiente que
más me interesa, y exploro el territorio de la Patagonia. Son lxs autorxs
peruanxs lxs que me inspiran, desde Arguedas hasta Roncagriolo, o el mismo
Vargas Llosa, más allá de su adscripción ideológica, porque tematizan la
urgencia y la coyuntura. Tienen una tradición muy rica que la narrativa porteña
perdió, y a mí me interesa recuperar esa visión, más latinoamericana.
¹Secretario de Comercio Interior.
² Miembro de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas.
³ Actual Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.
Abril/13
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