lunes, 1 de abril de 2013

Ni Pro ni Kontra

Entre tanta política fanática, existen todavía voces que no se casan con nadie y construyen desde otros ángulos. Una de ellas es Maristella Svampa, socióloga, escritora, pensadora, muy comprometida con las luchas medioambientales que recorren nuestro país. La investigadora compartió unos mates con Güarnin! y analizó la Argentina de hoy, mezcla de pingüinos y corpos.



¿De qué se trata Plataforma 2012? ¿Cómo llegaste a formar parte?
 A fines de 2011 me llegó una propuesta de declaración crítica con la que me sentí identificada, que tomaba ese nombre: Plataforma 2012. Somos un grupo pequeño de referencia de 40 personas, con más de 500 adherentes de distintos puntos del país, y una vez por mes organizamos una mesa redonda. Venimos de distintas trayectorias de izquierda, pero somos un colectivo de intelectuales independientes. Nuestro aporte está en esta mirada analítica, acompañada de propuestas.

¿Qué declaraciones han hecho hasta el momento?
 Empezamos con un documento crítico hacia el gobierno, el segundo fue sobre mega minería, a raíz de la poblada de Famatina en enero de 2012. Durante ese año hicimos un pronunciamiento por la tragedia de Once, también un documento sobre la importación de libros, una de las tantas medidas delirantes de (Guillermo) Moreno¹ y compañía. Otro fue sobre YPF, que fue de los más largos y elaborados porque llevó mucha discusión interna, y nos parecía importante dejar constancia de las diferencias en un tema tan manipulado y bastardeado por el gobierno. Por último hicimos uno sobre la ciudad de Buenos Aires y el “boom” inmobiliario, y otro sobre la re-reelección.

Respecto a la cuestión YPF, ¿qué impacto real creés que tuvo sobre la soberanía nacional?
 Creo que ha habido una falsa estatización, y hay dos cuestiones muy alarmantes: que YPF se plante como una empresa mixta, que debe asociarse a capitales transnacionales para explotar los recursos, porque esto limita la soberanía, y por otro lado, la explotación de gas no convencional, con la controversial metodología de fractura hidráulica o “fracking”, que objetamos desde el principio. En ese contexto, el retorno del Estado no garantiza cambios de fondo. El año pasado hubo mucho discurso descolonizador, y sin embargo las petroleras transnacionales están en distintos puntos del país, un ejemplo muy elocuente de lo que es el neocolonialismo.

Desde el comienzo de la gestión Kirchner se empezó a dar una nueva forma de panamericanismo, ahora, con la muerte de Chávez, ¿cómo pensás que va a seguir evolucionando?
 El surgimiento de un espacio de centro izquierda latinoamericana ha sido sin duda muy positivo. Se articuló una solidaridad continental que antes no existía, hay mucha sintonía entre los gobiernos, pero siempre ha habido una tensión que tiene que ver con los tres procesos que los recorren: fuertes liderazgos populistas, una tendencia al extractivismo y grandes luchas socioambientales. Es claro que esas cosas no van juntas. O los gobiernos se deciden a pensar en otro modelo de desarrollo, imaginando escenarios de transición, o se convierten en gobiernos más bien represivos y consolidan un modelo insustentable en el mediano plazo.

Si bien es un tanto apresurado, ¿cómo pensás la Argentina del 2015?
 La Argentina presenta un escenario tan vertiginoso que es difícil mirar hacia el futuro. Pero ahora el modelo está desnudo, muestra claramente sus limitaciones. Así, se ve una exacerbación del presidencialismo, con rasgos disciplinarios realmente grotescos, en un contexto de alta inflación, problemas con el mercado de cambio, conflictos laborales cada vez más intensos. Encontramos un gobierno desgastado, y una oposición muy débil, con alianzas poco entusiastas: el caso de Pino con Lilita Carrió, o Libres del Sur con los radicales… La oposición ha hecho mucho por promover su fragmentación; convengamos que no todo es producto, como diría Borges, de un “peronismo incorregible”. Ahora emergió una izquierda independiente, bajo la mano de la Marea Popular y el Frente Darío Santillán, movimientos muy interesantes, pero que promueven aún más la fragmentación del voto, y probablemente en las elecciones legislativas el oficialismo tenga un techo de un 40%, con lo cual, si bien no tiene la mayoría para reformar la Constitución, va a conservar un alto nivel de legitimidad.

¿Por qué, teniendo un poder tan incuestionado, el oficialismo no “profundiza el modelo”?
 Eso implica hablar del peronismo; el kirchnerismo es una ilustración del mismo. Si hacés un racconto, se van a cumplir 30 años de la democracia, y ¿cuántos años no gobernó el peronismo? Son muy escasos: seis Alfonsín y dos la Alianza. Volviendo al kirchnerismo, hay que analizarlo en perspectiva histórica: en 2003 Kirchner supo dialogar con sindicatos y organismos de derechos humanos, instalar un poder ejecutivo fuerte y volver a traer la política al primer plano. Al principio, se apostaba a la transversalidad, modelo que fracasó, y entonces se aliaron con los sectores más conservadores y reaccionarios. Es ahí donde esas posibilidades de cambio que auguraba quedaron absolutamente limitadas. Son elementos oportunistas y pragmáticos, típicos del peronismo, al cual se le perdona el cambiar de orientación ideológica sin que rinda cuentas. Estamos ante la gestión de uno de los matrimonios más ricos del país, eso es algo que se tiende a olvidar. El kirchnerismo se juega mucho en lo simbólico, y creer que es puro progresismo o puro conservadurismo es una equivocación: es una mezcla. Retomo la definición de Gramsci, estamos frente a una “revolución pasiva”, lo que yo llamo un populismo de clases medias que se atribuye la representación de las populares, en gran parte excluidas de ese juego político.

¿Pensás que la recuperación de la militancia joven, así como el voto a los 16 años, son avances de la democracia?
 El protagonismo juvenil no es un invento del kirchnerismo, ni es pos mortem Néstor. En 2002, después del asesinato de Kosteki y Santillán, hay una masiva entrada de jóvenes a la militancia social, mucho más basista que la que hay ahora, que apelaba a la autonomía, a la horizontalidad de las luchas. La que desarrollan La Cámpora o Colina, por ejemplo, es promovida por el gobierno, mucho más orgánica, verticalista, y tiende a formar militantes dogmáticxs. A partir del conflicto agrario en 2008, hay una exacerbación de lo “nacional popular”, que enfatiza la polarización. La militancia se fue configurando en torno a consignas simplificadoras como la “corpo”, el “monopolio”, el “gorila”, que lejos de promover un debate más profundo, lo cierran descalificando al resto.

¿Cómo evolucionó la mega minería en el país durante la última década?
 El kirchnerismo tenía un punto ciego discursivo que blanqueó totalmente en 2012, a favor de la estigmatización de las luchas socioambientales, y se consolidó el modelo extractivo exportador. Hubo más de siete represiones ese año, muchas de ellas en Catamarca. Con Quique Viale² viajamos a varias provincias: fuimos tres veces a Chubut, ya que ahí se pretendía derogar la ley que prohíbe la mega minería, que fue la primera en sancionarse, en el año 2003, y finalmente no se pudo gracias a la fuerte movilización de la población. En La Rioja no se avanza en Chilecito y Famatina por esta misma razón, que continúa muy presente en las calles, pero en otras localidades sí se avanza, y de hecho el gobierno publicita el modelo minero. Tal es así que si vos prendés la televisión en La Rioja, el que despide a los chicos para irse a dormir es un minerito. En Río Negro se derogó esa ley y se avanzó fuertemente; la embestida está basada en un discurso de necesidad y urgencia. Las resistencias están al día, pero son luchas cada vez más asimétricas, y el gobierno nacional ha dado carta blanca a las compañías mineras.

¿Y si tenemos en cuenta, como contrapartida a la ecología, que la minería es una fuente de trabajo?
 La mega minería es capital intensivo, no trabajo intensivo. En el libro Los 15 mitos de la minería transnacional, que hicimos con el colectivo “Voces de Alerta”, mostramos que más allá del terrorismo estadístico del Secretario de Minería, Jorge Mayoral, quien dice que hay 500 mil puestos creados, como máximo son 28 mil. Por cada millón de dólares que se invierte se crean entre 0,5 y 2 puestos de trabajo directo. Muchos requieren una formación técnica que no suelen poseer las comunidades aledañas, que terminan en servicios menos calificados, durante el periodo de construcción y mucho menos en el de explotación. Hay pueblos que dependen mucho más de la minería, pienso en Cerro Vanguardia para la comunidad de San Julián, las promesas en Malargüe con el potasio Río Colorado, o Belén y Andalgalá y las promesas de La Alumbrera. Esas empresas aparecen como dueñas del territorio, y en muchos casos desplazaron a las verdaderas economías regionales.

Hoy en día, ¿frente a qué dificultades se encuentra un/a científicx social a la hora de emprender cualquier tipo de investigación?
 Yo soy investigadora principal del Conicet. No acuerdo con la política científica kirchnerista, discrepo con (Lino) Barañao³ y otrxs científicxs, que tienen una visión productivista del progreso. Ni que hablar de la alianza con las corporaciones: pienso en el lugar cada vez mayor del modelo sojero y el minero en las universidades públicas. Pero nada es homogéneo. Puedo afirmar que en estos años ha habido mucha libertad para proponer investigaciones, siempre que estén sólidamente fundamentadas. En el Conicet el comité de pares evalúa los proyectos, lo cual da mucha pluralidad a la ciencia argentina. Ahora dirijo un PICT (Proyecto de Investigación Tecnológica y Científica) en el cual hay por lo menos treinta personas trabajando, financiado con subsidios públicos, y nunca tuve problemas.

¿Continuás con tu faceta narrativa? ¿Qué corrientes te inspiran? 
 Estoy por publicar mi tercera novela, El muro. Estoy muy lanzada en el camino de la ficción, en la tradición de la novela política, que es la vertiente que más me interesa, y exploro el territorio de la Patagonia. Son lxs autorxs peruanxs lxs que me inspiran, desde Arguedas hasta Roncagriolo, o el mismo Vargas Llosa, más allá de su adscripción ideológica, porque tematizan la urgencia y la coyuntura. Tienen una tradición muy rica que la narrativa porteña perdió, y a mí me interesa recuperar esa visión, más latinoamericana.


¹Secretario de Comercio Interior.
² Miembro de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas.
³ Actual Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

Abril/13

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