La desmanicomialización, ese término parecido a un
trabalenguas que destaca la necesidad de dejar de institucionalizar los
padecimientos mentales cuando más de unx de lxs que estamos afuera de los
manicomios afirmamos nuestra propia locura. Entonces, nos hicimos dos
preguntas: La sociedad, ¿enferma? y los neuropsiquíatricos, ¿curan?
“El loco es un individuo peligroso, molesto, incontrolable,
con el que no se sabía qué hacer, que se lo escondía en la famosa ‘piecita del
fondo’. Esta institución no cumple una función terapéutica, sirve para que la
sociedad se libere de quienes considere que no están en condiciones de convivir
con ellos, no porque sean peligrosos en realidad, simplemente porque les
resulta molesto”, explica Rubén, quien ingresó al Hospital Borda hace veinte
años y hoy es un paciente externo, miembro activo del Frente de Artistas (FAB).
Por boca de lxs protagonistas puede entenderse de qué se habla; que la barrera
entre locura y cordura es mucho más gris de lo que se pretende, mientras que la
que separa el adentro y el afuera opera como un estigma, condenando la
diferencia. La buena noticia es que hay síntomas de cambio: la Ley Nacional de Salud
Mental Nº 26.657 es un claro ejemplo porque “vino a llenar un vacío muy fuerte
con una mirada totalmente innovadora”, tal como dijo Mirta Otazúa, abogada a
cargo del taller de Desmanicomialización del FAB, cuando la consultamos sobre
los beneficios de la norma. Y agregó: “No hay un problema de enfermedad, sino
que hay un problema social, de la comunicación y del vínculo, que dejan afuera
a muchos a quienes no les queda otra más que enfermar como forma de salvar su
vida en esta sociedad tan deshumanizada”.
La salud es uno de los puntos más flacos a nivel
infraestructura en nuestro país, entonces la sanción de la ley –en diciembre de
2010- evidencia su importancia. Recién se reglamentó en mayo pasado. Sí, las
pujas y burocracia retrasaron casi dos años y medio la norma que surgió de un proyecto presentado
por el diputado fueguino Leonardo Gorbacz y que aspira, de aquí al 2020, lograr
definitivamente la desmanicomialización. Mientras, se espera que en 2014 el 10%
del presupuesto nacional sea destinado al área sanitaria.
Ahora bien, ¿de qué se trata esto de la
desmanicomialización? En primera instancia, no se trata meramente de cerrar
neuropsiquiátricos y tirar abajo edificios, como viene intentando hacer la
gestión macrista, que redujo a la mitad la población del Borda (de los
aproximados 1.200 internos que había, quedan hoy entre 600 y 700), derivando
pacientes a psiquiátricos de PAMI o geriátricos. Al contrario, la meta es abrir
un abanico de posibilidades para las personas con padecimientos mentales.
Hablamos de alternativas a la clásica terapia de medicación y encierro: centros
de día, casas de convivencia, acompañamiento terapéutico, e incluso
cooperativas de trabajo y colectivos artísticos.
En nuestro país existen ya estas instancias; quizá el FAB
sea el mayor exponente. Fundado en 1984 por el artista plástico Alberto Sava,
funciona en un galpón del patio del hospital, y se mantiene pese a las
fricciones con lxs directivxs, a quienes no les hace mucha gracia la idea de
cerrar el manicomio. “El Frente tiene como objetivo romper con el imaginario
que se tiene de la locura; arman las obras pero las muestran afuera, las sacan
del hospital. Sacándolas, quien muestra la obra, que es artista, empieza a
recomponerse internamente, desde lo subjetivo, la posición es otra, los
aplausos, el reconocimiento… y la persona que está mirando se confunde y te pregunta,
¿pero quién es el loco? No se sabe quién es quién, y eso tiene que quedar
claro: no sabés quién es quién porque no hay algo que determine que estás de
este lado o de este otro”, contaba Mirta. Desde esta nueva perspectiva, lxs
pacientes no son ya objetos de asistencia; son sujetos de derecho.
Podemos rastrear los antecedentes de la ley 26.657 en la
comunidad de Trieste, Italia, donde el psiquiatra Franco Basaglia hizo su
trabajo más destacado: cerró el neuropsiquiátrico que había dirigido en los ´70.
Su principal interés eran las personas, no sus diagnósticos; él buscaba
humanizar la práctica médica y entendía que las patologías tenían un sustrato
social antes que biológico. Allí logró que se implementase la ley 180/1978,
cuyos puntos más importantes son los mismos que tiene nuestra ley Nacional de
Salud Mental y que apuntan a prohibir la construcción de nuevos manicomios
públicos o privados, “procediendo al cierre gradual de los que ya existen”; a
armar una red de asistencia descentralizada, que incluye un área especializada
en psiquiatría en cada hospital general del país, evitando la desvinculación y
el desarraigo; a procurar un régimen de internaciones cortas, sin espacios
cerrados y con más posibilidades de circulación de pacientes; a prescribir
medicación “sólo con fines terapéuticos, a partir de evaluaciones profesionales
en el marco de abordajes interdisciplinarios, y nunca de forma automática, como
castigo, por conveniencia o para suplir la necesidad de cuidados especiales”; a
instar al respeto de las internaciones voluntarias, que pueden ser abandonadas,
y de las involuntarias, que se realizarán en un caso extremo; y, por último, a
crear un “órgano de revisión interdisciplinario que garantice que se cumplan
las condiciones para casos involuntarios”.
La ley trasciende el plano sanitario porque se enfoca en lo
social, tendiendo a mejorar las condiciones de vida de quienes están en
tratamiento, que tienen derecho a la intimidad, a la vida en comunidad, a que
se presuma su capacidad, a que se les brinde un trabajo acorde a su
singularidad, que se les reconozca su educación y tengan un lugar donde vivir.
Es un camino muy largo el que nos queda por recorrer; el
manicomio es un error histórico difícil de desarticular, que fomenta el temor a
lo que no encaja, a lo que no se somete, pero las bases de la transformación ya
están plantadas. Falta cumplirlas, y eso sólo se logra mediante un cambio
cultural donde todxs pongamos el cuerpo.
El Centro de Día Resistiré de la Unidad Sanitaria
Villa Las Naciones contiene a personas con padecimientos mentales. Su
directora, María Teresa López, nos contó cómo funciona y analizó los alcances
de la Ley Nacional
de Salud Mental que incorpora una visión más certera sobre los tratamientos,
favoreciendo el trabajo colectivo y articulando la participación de personas
usuarias, familiares y otros recursos existentes en la comunidad.
¿Cuál es la
importancia de esta ley en salud mental, en relación al paradigma vigente?
Hay que entender la historia del manicomio: El Borda y el
Moyano se hicieron en las tierras más baratas de la ciudad para que hubiera un
muro que separase al sano del enfermo.
Adentro los enfermos, afuera los sanos. En aquel momento, se abandonaba
al paciente con una internación de por vida. No se pensaba en la recuperación.
No se hablaba de integrarlos en la sociedad. El Borda y el Moyano no han
abordado a las personas con trastornos como un momento en una crisis, sino que
han caído en la cronicidad y después se ha ido perjudicando por lo que la
institución es.
La ley, recientemente promulgada, establece cómo deberían
ser las internaciones consideradas necesarias, es decir, aquellas causadas
porque la persona no tiene familia o bien porque es ese entorno el que
perjudica el equilibrio psíquico-social. María Teresa aclara: “No dice no a las
internaciones. Pero sí dice que no deben ser en un manicomio”. Entonces, ¿dónde tendría que ser contenidx quien
presentara un trastorno mental? “En un hospital general, todos deberían ser
polivalentes y tener todas las especialidades, incluida psiquiatría y ello
implicaría tener camas para esos pacientes. Así, la internación es más corta”,
dice la directora de Resistiré, que pertenece al Municipio de Ituzaingó.
En cuanto a la
internación de una persona con trastornos mentales severos, ¿cómo es ese
proceso?
Bueno, cada caso es único y singular. No podemos hablar en
general. Yo interno cuando está en peligro la vida del paciente o cuando no
cumple el tratamiento y todo lo que se podría hacer desde el punto de vista
ambulatorio no es suficiente. La mayoría de las veces es porque no hay
contención familiar. Siempre se encuentran otros mecanismos para no internar,
pero en los casos en los que sí, fueron porque no había una familia que
apoyara, o muchas veces por pedido expreso del paciente. La persona viene y
dice, necesito estar contenida.
En ese sentido, la
ley contempla que sea la misma persona quien pida la internación, ¿cómo evitar las internaciones crónicas?
El consentimiento de internación viene con letra chica y si
se lo dan a un/a paciente en crisis o a un/a familiar que no puede contener al
paciente, se firma sin terminar de entender qué implica esa internación. Y a
esa persona no le dan más el alta. Lo que ha ido pasando es un abandono de las
familias también. Los pacientes que están actualmente internados en
instituciones psiquiátricas son personas que ahora no podernos retirar así
nomás, porque el manicomio terminó siendo su lugar y su casa. Si pensás a
futuro, muchos pacientes podrán ser reubicados en casas de convivencia o de
medio camino. Podrán vivir independientemente, con profesionales que los
acompañen.
La norma plantea una perspectiva de salud integral cuyo eje
debe ser la persona, su singularidad, más allá del tipo de afección que
padezca. La fuerza de la ley es, justamente, el cambio de paradigma en relación
a las formas de tratamiento. María Teresa lo manifiesta rotundamente: “El
paciente es un sujeto de derecho. Es lo más importante, ya no es enfermo sino
que tiene padecimientos mentales severos. Hace unos años, gracias a esta ley
varios ciudadanos internados en el Borda consiguieron su DNI que no tenían y
pudieron ir a votar”.
Incluso la Ley , ¿abre las posibilidades para otras formas de
tratamiento?
La ley lo dice muy claro, para reemplazar la internación, se
necesitan talleres protegidos, hospitales de día, casas de convivencia. En el
2005, cuando entré a trabajar a Resistiré, me encontré que todos los pacientes
venían a buscar la receta rosa para la medicación, que hacía años venían tomando
lo mismo. En estos años entendí que el arte cura. Ahora en el Centro de día hay
más profesionales del arte que del mundo “psi”. Y no conocen las historias
clínicas ni el diagnóstico, conocen al sujeto por su nombre y apellido.
¿Cómo establecen los
puentes entre la ley y la comunidad?
Y por ejemplo, en el Centro de día tenemos la radio
“Lunática” que tiene un espacio en La Vil Materia , programa de FM En Tránsito y estamos
pensando en armar un proyecto para que esta radio tenga un espacio en Ituzaingó
para dar a conocer lo que hacemos. Sobre todo, tiene que ver con pensar la
salud mental de una manera distinta. A partir de la ley, debería haber un
equipo interdisciplinario para trabajar con la salud mental: no más el
psiquiatra aislado. Para cambiar la concepción que tenemos de los locos,
tenemos que cambiar como sociedad.
Y para modificarla es necesario que esos espacios, los
públicos, de donde eran arrancadxs “lxs locxs” para ser encerradxs, vuelvan a
ser transitados, vividos y disfrutados por quienes padecen algún trastorno
mental. Así, el último sábado de junio, la Casa del Programa de Abordaje del Padecimiento
Humano en la Comunidad
realizó una feria de arte y allí compartimos la tarde, observando la
implementación de la ley en el municipio de Morón. En ese espacio se hacen una
pregunta y ensayan varias respuestas que instan al cambio: “Proponemos discutir
fuertemente sobre los dispositivos de atención en la comunidad, mucho antes de
la necesidad de intervención de la fuerza pública. Antes del manicomio, ¿qué?”.
Y así, el programa que aborda los sufrimientos “se fue
transformando en una referencia para una gran variedad de situaciones que se
presentan con mucha urgencia y desorientación”.
¿Con quiénes
trabajan?
Sobre todo con vecinos que no cuentan con la posibilidad de
orientar un pedido de tratamiento, que viven situaciones que desbordan las
planillas de Acción Social y se presentan sueltos de la posibilidad de
intervención definida por los dispositivos que conforman el sistema de salud.
Entendemos que se produce un desencuentro entre estas presentaciones y algún
tratamiento posible.
El Programa, la
Casa de Abordajes, y la Casa de Convivencia, dependen de la Subsecretaría de
Abordajes Integrales. Mónica Macha, su directora, nos contó cómo se empezó a
trabajar en el municipio: “Las políticas en salud mental constituyeron una
prioridad para el gobierno municipal desde que asumimos, allá por el año 1999
pero el trabajo vinculado a la desmanicomialización recién empieza a mediados
del 2004, cuando comenzamos a trabajar con el Hospital Domingo Cabred. En ese
momento, su director convocó a distintos municipios a trabajar en red, en pos
de un proyecto de desmanicomialización. A partir de ahí, comenzamos a trabajar
en dos políticas fundamentales: abrir en Morón una casa de convivencia y
constituir un consultorio descentralizado para la consulta psiquiátrica de
personas externadas del sanatorio”.
¿Qué lxs movilizó en
ese momento?
Nos movilizó el anhelo de poner en práctica una política
distinta en el tratamiento de las locuras. Habíamos estudiado y leído sobre
experiencias en otros países y en otras ciudades de Argentina, entonces veíamos
en esta trabajo con otrxs la posibilidad de iniciar nuestra propia experiencia
en la zona oeste del conurbano, y en Morón logramos sostener las políticas
iniciadas, construir y fortalecer el equipo de trabajo que conforma el Programa
Municipal de Abordaje del Padecimiento Humano en la Comunidad. Hay una
fuerte decisión del gobierno municipal en sostener dichas políticas.
¿Qué les deja el
trabajo en la Casa
de Convivencia?
Nos enseñó muchas cosas, por ejemplo, a acompañar el
recorrido de cada unx de los integrantes de la casa, a trazarnos una estrategia
con cada familia, a dejar que cada unx inicie una vida comunitaria, con lxs
vecinxs del barrio, e intervenir solo si alguna situación se desbordaba.
Entendimos que nuestra intervención y acompañamiento debía ser la mínima
posible que garantice nuestra presencia pero, sin aplastar, sin avasallar la
subjetividad del otro. Aprendimos también que era necesario un trabajo interno
con trabajadorxs municipales de diferentes áreas para que la experiencia se
consolide y profundice.
¿Cambió algo en la
manera de ver y hacer el trabajo en estos años?
La experiencia del Programa nos sitúo en un camino distinto
en relación a las prácticas que articulan salud mental y comunidad. Nos lleva a
crear dispositivos de atención y tratamiento donde se hace presente la
necesidad de trabajar con el sujeto que se descompensa, pero también con su
familia en el ámbito del propio barrio. Recurrimos a la internación como última
opción y tratamos de garantizar una corta estadía en el hospital, para evitar
así la ruptura de los lazos sociales y comunitarios de cada sujeto y prevenir
los efectos de las internaciones crónicas.
:::para más información:::
Ituzaingó -
Secretaria de Salud Tel 4621-2581.
Centro de Día Resistiré- Unidad Sanitaria Villa Las
Naciones- Turquía y Haití. Tel: 4661-4554.
Morón-Secretaría
de Relaciones con la
Comunidad y Abordajes Integrales -5279-3219.
EL BORDA
El 26 de abril nos desayunamos con una (mas) de las represiones violentas a que nos tiene acostumbradxs la policía metropolitana, de la mano del gobierno de Mauricio Macri. Esta vez, acometida contra la población del centro neuropsiquiátrico durante la demolición del Taller Protegido nro19. ¿El motivo? Basándose en la ley, y con idea de desmanicomializar, Macri y otrxs quieren destinar los terrenos de los hospitales Borda, Moyano, Tobar García y Rawson a la construcción de centros cívicos y un fuerte polo inmobiliario.
Lo paradójico es que en el Borda, hay servicios- como el Taller Protegido 19- que trabajan desde la ley desarrollando tareas que apuntan a la desmanicomialización y a la reinserción social de las personas allí internadas. utilizando el arte recuperar la posibilidad de pensar.
La misma política inoperante del gobierno de la ciudad, apela a recortes, maltratos y un desinterés que se percibe de solo entrar al hospicio. Hace tiempo que lxs Trabajadorxs y usuarios vienen denunciando el vaciamiento de recursos humanos y técnicos que sufre el hospital, en detrimento de la vida de los internos y del proceso lento, profundo y necesario que está permitiendo a muchos de ellos transformarse y vivir fuera del manicomio.
Lo que sucedió en el Borda no sólo es político -pues lo que antes se enfocaba de manera individual ahora tiene una mirada global, responsabilizándonos como sociedad- sino que también es ideológico: poder económico como valor único, la estigmatización del otrx diferente, y la supresión de todo derecho humano.
En colaboración con Magui Funes y Jesica Farías
Agosto/13
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