sábado, 17 de agosto de 2013

Locx es otrx

La desmanicomialización, ese término parecido a un trabalenguas que destaca la necesidad de dejar de institucionalizar los padecimientos mentales cuando más de unx de lxs que estamos afuera de los manicomios afirmamos nuestra propia locura. Entonces, nos hicimos dos preguntas: La sociedad, ¿enferma? y los neuropsiquíatricos, ¿curan?

 “El loco es un individuo peligroso, molesto, incontrolable, con el que no se sabía qué hacer, que se lo escondía en la famosa ‘piecita del fondo’. Esta institución no cumple una función terapéutica, sirve para que la sociedad se libere de quienes considere que no están en condiciones de convivir con ellos, no porque sean peligrosos en realidad, simplemente porque les resulta molesto”, explica Rubén, quien ingresó al Hospital Borda hace veinte años y hoy es un paciente externo, miembro activo del Frente de Artistas (FAB). Por boca de lxs protagonistas puede entenderse de qué se habla; que la barrera entre locura y cordura es mucho más gris de lo que se pretende, mientras que la que separa el adentro y el afuera opera como un estigma, condenando la diferencia. La buena noticia es que hay síntomas de cambio: la Ley Nacional de Salud Mental Nº 26.657 es un claro ejemplo porque “vino a llenar un vacío muy fuerte con una mirada totalmente innovadora”, tal como dijo Mirta Otazúa, abogada a cargo del taller de Desmanicomialización del FAB, cuando la consultamos sobre los beneficios de la norma. Y agregó: “No hay un problema de enfermedad, sino que hay un problema social, de la comunicación y del vínculo, que dejan afuera a muchos a quienes no les queda otra más que enfermar como forma de salvar su vida en esta sociedad tan deshumanizada”.
La salud es uno de los puntos más flacos a nivel infraestructura en nuestro país, entonces la sanción de la ley –en diciembre de 2010- evidencia su importancia. Recién se reglamentó en mayo pasado. Sí, las pujas y burocracia retrasaron casi dos años y medio  la norma que surgió de un proyecto presentado por el diputado fueguino Leonardo Gorbacz y que aspira, de aquí al 2020, lograr definitivamente la desmanicomialización. Mientras, se espera que en 2014 el 10% del presupuesto nacional sea destinado al área sanitaria.
Ahora bien, ¿de qué se trata esto de la desmanicomialización? En primera instancia, no se trata meramente de cerrar neuropsiquiátricos y tirar abajo edificios, como viene intentando hacer la gestión macrista, que redujo a la mitad la población del Borda (de los aproximados 1.200 internos que había, quedan hoy entre 600 y 700), derivando pacientes a psiquiátricos de PAMI o geriátricos. Al contrario, la meta es abrir un abanico de posibilidades para las personas con padecimientos mentales. Hablamos de alternativas a la clásica terapia de medicación y encierro: centros de día, casas de convivencia, acompañamiento terapéutico, e incluso cooperativas de trabajo y colectivos artísticos.
En nuestro país existen ya estas instancias; quizá el FAB sea el mayor exponente. Fundado en 1984 por el artista plástico Alberto Sava, funciona en un galpón del patio del hospital, y se mantiene pese a las fricciones con lxs directivxs, a quienes no les hace mucha gracia la idea de cerrar el manicomio. “El Frente tiene como objetivo romper con el imaginario que se tiene de la locura; arman las obras pero las muestran afuera, las sacan del hospital. Sacándolas, quien muestra la obra, que es artista, empieza a recomponerse internamente, desde lo subjetivo, la posición es otra, los aplausos, el reconocimiento… y la persona que está mirando se confunde y te pregunta, ¿pero quién es el loco? No se sabe quién es quién, y eso tiene que quedar claro: no sabés quién es quién porque no hay algo que determine que estás de este lado o de este otro”, contaba Mirta. Desde esta nueva perspectiva, lxs pacientes no son ya objetos de asistencia; son sujetos de derecho.
Podemos rastrear los antecedentes de la ley 26.657 en la comunidad de Trieste, Italia, donde el psiquiatra Franco Basaglia hizo su trabajo más destacado: cerró el neuropsiquiátrico que había dirigido en los ´70. Su principal interés eran las personas, no sus diagnósticos; él buscaba humanizar la práctica médica y entendía que las patologías tenían un sustrato social antes que biológico. Allí logró que se implementase la ley 180/1978, cuyos puntos más importantes son los mismos que tiene nuestra ley Nacional de Salud Mental y que apuntan a prohibir la construcción de nuevos manicomios públicos o privados, “procediendo al cierre gradual de los que ya existen”; a armar una red de asistencia descentralizada, que incluye un área especializada en psiquiatría en cada hospital general del país, evitando la desvinculación y el desarraigo; a procurar un régimen de internaciones cortas, sin espacios cerrados y con más posibilidades de circulación de pacientes; a prescribir medicación “sólo con fines terapéuticos, a partir de evaluaciones profesionales en el marco de abordajes interdisciplinarios, y nunca de forma automática, como castigo, por conveniencia o para suplir la necesidad de cuidados especiales”; a instar al respeto de las internaciones voluntarias, que pueden ser abandonadas, y de las involuntarias, que se realizarán en un caso extremo; y, por último, a crear un “órgano de revisión interdisciplinario que garantice que se cumplan las condiciones para casos involuntarios”.
La ley trasciende el plano sanitario porque se enfoca en lo social, tendiendo a mejorar las condiciones de vida de quienes están en tratamiento, que tienen derecho a la intimidad, a la vida en comunidad, a que se presuma su capacidad, a que se les brinde un trabajo acorde a su singularidad, que se les reconozca su educación y tengan un lugar donde vivir.
Es un camino muy largo el que nos queda por recorrer; el manicomio es un error histórico difícil de desarticular, que fomenta el temor a lo que no encaja, a lo que no se somete, pero las bases de la transformación ya están plantadas. Falta cumplirlas, y eso sólo se logra mediante un cambio cultural donde todxs pongamos el cuerpo.


LA APLICACIÓN
El Centro de Día Resistiré de la Unidad Sanitaria Villa Las Naciones contiene a personas con padecimientos mentales. Su directora, María Teresa López, nos contó cómo funciona y analizó los alcances de la Ley Nacional de Salud Mental que incorpora una visión más certera sobre los tratamientos, favoreciendo el trabajo colectivo y articulando la participación de personas usuarias, familiares y otros recursos existentes en la comunidad.
¿Cuál es la importancia de esta ley en salud mental, en relación al paradigma vigente?
Hay que entender la historia del manicomio: El Borda y el Moyano se hicieron en las tierras más baratas de la ciudad para que hubiera un muro que separase al sano del enfermo.  Adentro los enfermos, afuera los sanos. En aquel momento, se abandonaba al paciente con una internación de por vida. No se pensaba en la recuperación. No se hablaba de integrarlos en la sociedad. El Borda y el Moyano no han abordado a las personas con trastornos como un momento en una crisis, sino que han caído en la cronicidad y después se ha ido perjudicando por lo que la institución es.
La ley, recientemente promulgada, establece cómo deberían ser las internaciones consideradas necesarias, es decir, aquellas causadas porque la persona no tiene familia o bien porque es ese entorno el que perjudica el equilibrio psíquico-social. María Teresa aclara: “No dice no a las internaciones. Pero sí dice que no deben ser en un manicomio”. Entonces,  ¿dónde tendría que ser contenidx quien presentara un trastorno mental? “En un hospital general, todos deberían ser polivalentes y tener todas las especialidades, incluida psiquiatría y ello implicaría tener camas para esos pacientes. Así, la internación es más corta”, dice la directora de Resistiré, que pertenece al Municipio de Ituzaingó. 
En cuanto a la internación de una persona con trastornos mentales severos, ¿cómo es ese proceso?
Bueno, cada caso es único y singular. No podemos hablar en general. Yo interno cuando está en peligro la vida del paciente o cuando no cumple el tratamiento y todo lo que se podría hacer desde el punto de vista ambulatorio no es suficiente. La mayoría de las veces es porque no hay contención familiar. Siempre se encuentran otros mecanismos para no internar, pero en los casos en los que sí, fueron porque no había una familia que apoyara, o muchas veces por pedido expreso del paciente. La persona viene y dice, necesito estar contenida.
En ese sentido, la ley contempla que sea la misma persona quien pida la internación,  ¿cómo evitar las internaciones crónicas?
El consentimiento de internación viene con letra chica y si se lo dan a un/a paciente en crisis o a un/a familiar que no puede contener al paciente, se firma sin terminar de entender qué implica esa internación. Y a esa persona no le dan más el alta. Lo que ha ido pasando es un abandono de las familias también. Los pacientes que están actualmente internados en instituciones psiquiátricas son personas que ahora no podernos retirar así nomás, porque el manicomio terminó siendo su lugar y su casa. Si pensás a futuro, muchos pacientes podrán ser reubicados en casas de convivencia o de medio camino. Podrán vivir independientemente, con profesionales que los acompañen.
La norma plantea una perspectiva de salud integral cuyo eje debe ser la persona, su singularidad, más allá del tipo de afección que padezca. La fuerza de la ley es, justamente, el cambio de paradigma en relación a las formas de tratamiento. María Teresa lo manifiesta rotundamente: “El paciente es un sujeto de derecho. Es lo más importante, ya no es enfermo sino que tiene padecimientos mentales severos. Hace unos años, gracias a esta ley varios ciudadanos internados en el Borda consiguieron su DNI que no tenían y pudieron ir a votar”.
Incluso la Ley,  ¿abre las posibilidades para otras formas de tratamiento?
La ley lo dice muy claro, para reemplazar la internación, se necesitan talleres protegidos, hospitales de día, casas de convivencia. En el 2005, cuando entré a trabajar a Resistiré, me encontré que todos los pacientes venían a buscar la receta rosa para la medicación, que hacía años venían tomando lo mismo. En estos años entendí que el arte cura. Ahora en el Centro de día hay más profesionales del arte que del mundo “psi”. Y no conocen las historias clínicas ni el diagnóstico, conocen al sujeto por su nombre y apellido.
¿Cómo establecen los puentes entre la ley y la comunidad?
Y por ejemplo, en el Centro de día tenemos la radio “Lunática” que tiene un espacio en La Vil Materia, programa de FM En Tránsito y estamos pensando en armar un proyecto para que esta radio tenga un espacio en Ituzaingó para dar a conocer lo que hacemos. Sobre todo, tiene que ver con pensar la salud mental de una manera distinta. A partir de la ley, debería haber un equipo interdisciplinario para trabajar con la salud mental: no más el psiquiatra aislado. Para cambiar la concepción que tenemos de los locos, tenemos que cambiar como sociedad.
Y para modificarla es necesario que esos espacios, los públicos, de donde eran arrancadxs “lxs locxs” para ser encerradxs, vuelvan a ser transitados, vividos y disfrutados por quienes padecen algún trastorno mental. Así, el último sábado de junio, la Casa del Programa de Abordaje del Padecimiento Humano en la Comunidad realizó una feria de arte y allí compartimos la tarde, observando la implementación de la ley en el municipio de Morón. En ese espacio se hacen una pregunta y ensayan varias respuestas que instan al cambio: “Proponemos discutir fuertemente sobre los dispositivos de atención en la comunidad, mucho antes de la necesidad de intervención de la fuerza pública. Antes del manicomio, ¿qué?”.
Y así, el programa que aborda los sufrimientos “se fue transformando en una referencia para una gran variedad de situaciones que se presentan con mucha urgencia y desorientación”.
¿Con quiénes trabajan?
Sobre todo con vecinos que no cuentan con la posibilidad de orientar un pedido de tratamiento, que viven situaciones que desbordan las planillas de Acción Social y se presentan sueltos de la posibilidad de intervención definida por los dispositivos que conforman el sistema de salud. Entendemos que se produce un desencuentro entre estas presentaciones y algún tratamiento posible.
El Programa, la Casa de Abordajes, y la Casa de Convivencia, dependen de la Subsecretaría de Abordajes Integrales. Mónica Macha, su directora, nos contó cómo se empezó a trabajar en el municipio: “Las políticas en salud mental constituyeron una prioridad para el gobierno municipal desde que asumimos, allá por el año 1999 pero el trabajo vinculado a la desmanicomialización recién empieza a mediados del 2004, cuando comenzamos a trabajar con el Hospital Domingo Cabred. En ese momento, su director convocó a distintos municipios a trabajar en red, en pos de un proyecto de desmanicomialización. A partir de ahí, comenzamos a trabajar en dos políticas fundamentales: abrir en Morón una casa de convivencia y constituir un consultorio descentralizado para la consulta psiquiátrica de personas externadas del sanatorio”.
¿Qué lxs movilizó en ese momento?
Nos movilizó el anhelo de poner en práctica una política distinta en el tratamiento de las locuras. Habíamos estudiado y leído sobre experiencias en otros países y en otras ciudades de Argentina, entonces veíamos en esta trabajo con otrxs la posibilidad de iniciar nuestra propia experiencia en la zona oeste del conurbano, y en Morón logramos sostener las políticas iniciadas, construir y fortalecer el equipo de trabajo que conforma el Programa Municipal de Abordaje del Padecimiento Humano en la Comunidad. Hay una fuerte decisión del gobierno municipal en sostener dichas políticas.
¿Qué les deja el trabajo en la Casa de Convivencia?
Nos enseñó muchas cosas, por ejemplo, a acompañar el recorrido de cada unx de los integrantes de la casa, a trazarnos una estrategia con cada familia, a dejar que cada unx inicie una vida comunitaria, con lxs vecinxs del barrio, e intervenir solo si alguna situación se desbordaba. Entendimos que nuestra intervención y acompañamiento debía ser la mínima posible que garantice nuestra presencia pero, sin aplastar, sin avasallar la subjetividad del otro. Aprendimos también que era necesario un trabajo interno con trabajadorxs municipales de diferentes áreas para que la experiencia se consolide y profundice.
¿Cambió algo en la manera de ver y hacer el trabajo en estos años?
La experiencia del Programa nos sitúo en un camino distinto en relación a las prácticas que articulan salud mental y comunidad. Nos lleva a crear dispositivos de atención y tratamiento donde se hace presente la necesidad de trabajar con el sujeto que se descompensa, pero también con su familia en el ámbito del propio barrio. Recurrimos a la internación como última opción y tratamos de garantizar una corta estadía en el hospital, para evitar así la ruptura de los lazos sociales y comunitarios de cada sujeto y prevenir los efectos de las internaciones crónicas.

:::para más información:::
Ituzaingó - Secretaria de Salud Tel 4621-2581.
Centro de Día Resistiré- Unidad Sanitaria Villa Las Naciones- Turquía y Haití. Tel: 4661-4554.
Morón-Secretaría de Relaciones con la Comunidad y Abordajes Integrales -5279-3219.

EL BORDA
El 26 de abril nos desayunamos con una (mas) de las represiones violentas a que nos tiene acostumbradxs la policía metropolitana, de la mano del gobierno de Mauricio Macri. Esta vez, acometida contra la población del centro neuropsiquiátrico durante la demolición del Taller Protegido nro19. ¿El motivo? Basándose en la ley, y con idea de desmanicomializar, Macri y otrxs quieren destinar los terrenos de los hospitales Borda, Moyano, Tobar García y Rawson a la construcción de centros cívicos y un fuerte polo inmobiliario.
Lo paradójico es que en el Borda, hay servicios- como el Taller Protegido 19- que trabajan desde la ley desarrollando tareas que apuntan a la desmanicomialización y a la reinserción social de las personas allí internadas. utilizando el arte recuperar la posibilidad de pensar.
La misma política inoperante del gobierno de la ciudad, apela  a recortes, maltratos y un desinterés que se percibe de solo entrar al hospicio. Hace tiempo que lxs Trabajadorxs y usuarios vienen denunciando el vaciamiento de recursos humanos y técnicos que sufre el hospital, en detrimento de la vida de los internos y del proceso lento, profundo y necesario que está permitiendo a muchos de ellos transformarse y vivir fuera del manicomio.

Lo que sucedió en el Borda no sólo es político -pues lo que antes se enfocaba de manera individual ahora tiene una mirada global, responsabilizándonos como sociedad- sino que también es ideológico: poder económico como valor único, la estigmatización del otrx diferente, y la supresión de todo derecho humano.

En colaboración con Magui Funes y Jesica Farías
Agosto/13

No hay comentarios:

Publicar un comentario