Sin maquillaje y disfrazados de gente corriente, los letristas de Agarrate Catalina se prestaron para compartirnos la historia de esta arrasadora familia murguera que casi sin querer se ganó un lugar entre la nobleza del Carnaval, rueda por todo el continente y sigue cantando con el mismo entusiasmo con el que nació.
INFLADO EL PECHO... DE HUMILDAD
Llegamos al Bauen, son casi las ocho y estamos frente a
los hermanos Yamandú y Tabaré Cardozo, que nos convidan unos mates mientras
arrancan a dar charla. Anoche sacudieron el Luna Park de la mano de gran León
Gieco, el “Bob Dylan latinoamericano”, que según nos cuentan es ya un amigo de
la casa. Lo conocieron allá por el 2008, en un festival en Montevideo en el que
ambos se presentaban, y a través del dúo folklórico Labarnois-Carrero se
pusieron en contacto. Entonces descubrieron que el rumor de que era un
admirador suyo e iba a verlos a La Trastienda era cierto, y automáticamente lo
invitaron a la gira “La
Catalina va a la escuela”, en la cual recorrían escuelas
públicas o rurales del interior de Uruguay y Argentina acercando la murga a lxs
chiquilines. Al hablar del hombre leyenda, a Tabaré se le ilumina la cara: “Las
relaciones pueden ser verticales u horizontales, y generalmente con una persona
famosa, necesariamente son verticales, porque está establecido así y no hay
otra manera. Lo increíble es cuando una persona que está encumbrada en ese
sitial, tuerce la historia e inmediatamente pasa a ser uno más. Creo que al
tercer día de estar de gira ya estaba hasta las cuatro tomando vino y contando
chistes con nosotros”. Lxs catalinxs se encuentran en un punto intermedio entre
el estrellato y el anonimato, ya que aquí no son famosxs individualmente pero sí
como grupo, mientras que en su lugar natal no hay quien no conozca sus caras.
“A nosotros nos tocaron con la varita mágica, viajamos por todo el mundo y nos
va bárbaro, entonces así tiene un costo social: ‘Usted está en un lugar de
privilegio, entonces esté a la altura de las circunstancias, tenga cuidado con
lo que declara…’ Está muy bien que así sea, porque no es que te hiciste fama y
te echaste a dormir. En Uruguay esa siesta no corre”, continúa Tabaré, quien es
además director de la murga.
Llama la atención la humildad
y el respeto con el que tratan su obra y las ajenas, y eso se debe a la entrega
total que con la que se mueven, lo que los convierte de talentosos en
verdaderos artistas. “Sabés que Alfredo (Iriarte), un compañero que trabaja en la Catalina haciendo
máscaras, nos cuenta siempre una frase que dice: ‘Los uruguayos son muy humildes, pero se mueren de bronca si no te das
cuenta’”, se ríe Yamandú, charrúa de ley.
HIJXS DE MOMO
Agarrate Catalina es una cooperativa artística que nació a principios
del 2001, de entre las ganas de murguear de la barra de amigxs de Yamandú. En
cuestión de meses empezó a dar sus primeros brotes, pasaron la Prueba de Admisión y fueron
la revelación del Carnaval del 2003. Tiempo después se llevan el primer premio
en el Concurso de Murgas Jóvenes, no sólo una, sino cuatro veces consecutivas. Fueron
gestando así distintos espectáculos de carnaval, estrechando cada vez más la
fina línea entre el amateurismo y el profesionalismo: “El tiempo” (2004), fue
el primer disco que editaron, luego vino “Los sueños” (2005), “El fin del
mundo” (2006), con el cual cruzaron la ribera, “El corso del ser humano”
(2007), “El viaje” (2008), en el cual incorporaron al Zurdo Bessio a la tropa,
“Civilización” (2010), “Gente común” (2011), y “Comunidad” (2012), su última
presentación en el Concurso Oficial. Entretanto se les abrieron las puertas en
otros escenarios, se animaron a cruzar fronteras y salieron a repiquetear por
toda Latinoamérica, llegando también hasta Francia y España. Hoy la Catalina reúne un grupo
base de 12 personas que viven de la murga, más otra veintena entre
maquilladorxs, vestuaristas, escenógrafxs, etcétera, y unos diez miembros más,
que se suman exclusivamente para las giras.
LA CLAVE DEL ÉXITO
La murga porteña maneja un código muy distinto de la
uruguaya… ¿por qué creen que tienen tanta repercusión en la Argentina ?
Yamandú: Capaz en gran medida
porque ya estuvo la Falta
y Resto antes, entonces cuando nosotros llegamos ya había un montón de
banderitas plantadas. La
Catalina tiene un piso en sus espectáculos, un nivel…
perfecto, otra murga también, igual o más. Es medio un misterio, que nos indica
que no tenemos la baraja marcada, y a veces patinaremos, no nos irá tan bien.
No podemos replicar algo que desconocemos cómo se fabrica. Sabemos lo que
hacemos, que es poner muchísimo laburo y mucho amor.
Entonces, ¿por qué la Catalina sí y otras no?
Es cierto que existen otros grupos con un despliegue escénico similar, con
muchísima trayectoria, y sin embargo… Tabaré, que en el origen de la murga era
parte de Los Curtidores y ya había pasado la edad reglamentaria para participar
del Encuentro de Murga Joven, vio el proceso desde afuera y nos explica: “Creo
que tiene que ver con una cuestión de amor, de trabajo, de rigor artístico, de
calidad, pero todas esas condiciones también las reúnen otras murgas a las que
no les pasó lo mismo. El diferencial que yo encuentro, es que
coyunturalmente la murga cayó con un discurso apropiado en un momento de
transición artística especial. Es lo mismo que le pasó en el rock a No te va a
gustar y a La Vela Puerca.
Hay otras bandas que reúnen condiciones parecidas, sin embargo las que explotaron
acá fueron esas dos. Son bandas de amigos del barrio que crecen juntos, y los
procesos de siembra coinciden con la edad para sembrar. Al principio te tenés
que comer cocoas, como dormir todos juntos en un hostal, con ruido, y comer una
muzarella, tomar una cerveza, e irte sin dormir. Eso lo tenés que hacer durante
dos años capaz. Si vos tenés una murga que está buenísima, pero tiene un dueño
y los murguistas arreglaron solamente para el carnaval, por un caché, o tienen
30 años y una familia, de repente les
ofrecés viajar a Buenos Aires para una gira y que nos coman los piojos, para
sembrar, y la mitad no le van, con toda la razón del mundo. En cambio si vos
tenés 18, y estás en la fiesta, lo podés hacer. Así lo hicieron durante diez
años La Vela y
NTVG, y ahora llenan estadios”.
Fueron
subiendo peldaño a peldaño, de manera natural, y pese a tener una hinchada
enorme (no hay que olvidar que la murga del otro lado del río se vive con
pasión futbolera), gente que se tatúa su logo e incluso niñas llamadas Catalina
en su honor, no tomaron plena conciencia del fenómeno que eran hasta que empezó
a sucederles algo histórico: en los ensayos generales de finales de enero,
previos al Carnaval, tienen un público autoconvocado de unas 2500 personas, que
hasta llegan temprano para encontrar un mejor lugar. “Es un ensayo donde vos
tenés que equivocarte para aprender. Tenemos que prepararnos psicológicamente
para eso. Nos tuvimos que empezar a moldear para no errar cuando estamos
pasando, y si te equivocás tener cancha con tus murguistas para corregirle un
error sin ser grosero, no humillar a alguien en público, no cancherear en tu
rol. Ir midiendo cuando un chiste no funciona, que la moral se te viene al piso,
y todo eso es un Gran Hermano permanente”, advierte Tabaré. Sin menospreciar el
amor de sus seguidores, hace dos años que no pisan el tablado del Teatro de
Verano, aunque no descartan regresar.
¿Por qué
decidieron dejar de participar del Concurso de Carnaval?
Yamandú: El Carnaval tiene
una dinámica muy linda porque te obliga a generar espectáculos todo el tiempo,
es como si una banda tuviera que sacar un disco por año y competir con otra.
Está bueno y a la vez no, porque hay espectáculos que tenés la certeza de que
pueden seguir rodando y querés seguir usando esas pieles. Crear contrarreloj no
está bueno, se empieza a perder la calidad e la producción cuando se hace en
serie. Además corrés el riesgo echar mano a sistematizar otras cosas que has
hecho, terminar repitiéndote en la desesperación. También una cuestión de sacar
la cabeza un poquito de la guillotina artística que es la competencia. El
Carnaval es un lugar que adoramos, es nuestra cuna y nuestro lugar habitual,
pero también ha cobrado una importancia el Concurso que nos estaba pesando un
poco. También necesitábamos hacer función en otros lados, donde la gente no va
necesariamente a medirte en relación con otro, sino que va a dejarse enamorar,
que va dispuesta.
Tabaré: Hay una cosa que es
ridícula: hay como una elite de entendidos del asunto que están el Teatro de Verano,
en postura de análisis intelectual. Están en esa gimnasia que es ver caer al
trapecista. Además está la pica entre las hinchadas de las otras murgas y la
nuestra, aunque nosotras no las tengamos.
Con todo, no están peleados
con la cúpula carnavalera ni mucho menos: han crecido entre tablados y
mascaritas, se nutrieron con el código de la murga tradicional y una vez que
tuvieron el poder de ejecutar sus propios cuplés, hicieron gala de todo lo
aprendido mechándolo con ingredientes de su propia cosecha. Así, sin
pasteurizar su discurso sino espontáneamente, lograron un híbrido entre lo clásico
y lo moderno, que en vez de ser contestatario, como la mayor parte de las
murgas jóvenes, aúna lo mejor de ambos aspectos. Conviven en sus temas el
chiste inocente que suelta carcajadas, con la sátira ácida, un cross a la
mandíbula que nos deja reflexionando, a veces con un dejo amargo que también es
necesario.
¿Cuál es el elemento
fundamental en una murga?
Tabaré: La
letra. Algo para decir. Si vos tenés una idea, tenés una murga, aunque la hagas
con cuatro viejas que estén jugando al bingo en la esquina. No importa que
canten todos mal y suene todo desafiando, mientras tengas ganas y algo para
compartir, que te inquiete tanto que no tengas más remedio que decirlo. Si vos
tenés un coro, plata para los trajes, todo, y no tenés una idea, tendrás un
espectáculo, pero no una murga.
Respuesta
tajante, con la seguridad de quien sabe de lo que habla. Hace una década que
los hermanos Cardozo trabajan juntos en la escritura, y la cosa funciona porque
se divierten haciéndolo. Del 2005 al 2010 contaban también con la colaboración
de Carlos Tanco, con el cual formaron “un monstruo de todos”, un ego colectivo
en el cual todos los votos tenían el mismo peso. Se tienen una extrema
confianza, y así aprendieron ser despiadados con ternura, ser firmes en el amor
y en el respeto para trabajar con las ideas ajenas.
Si algo destaca a Agarrate
Catalina es el contenido de sus temas y la sencillez de su poesía. Saben estar
a la orden del día más allá de la agenda oficial, y tienen una firme posición
política que no se casa con nadie. Allí estuvieron
cuando se apareció la
controversialísima Botnia (“La papelera”), bancando al Pepe Mujica desde que
asumió, para pegarle a Tabaré Vázquez, vacunando a Pedro Bordaberry (“Ley de imputabilidad”), hablaron asimismo
de la globalización, de los prejuicios cotidianos (“Gente común”), de la endémica violencia… y siempre media el humor,
como cable a tierra y como paño frío, para recordar que incluso entre tanta
miseria vale la pena seguir haciendo de la vida un arte.
¿Tienen algún criterio específico
a la hora de componer?
Yamandú: La temática
universal. La murga está muy apegada al reglamento de concurso, que te exige
tener la crítica de actualidad; eso vos lo traés para otro lugar que no sea
Montevideo y es un embole. Si
localizás demasiado la problemática, se hace incomprensible. Ahí está la diferencia con la Catalina , en que hacemos un intento fuerte por
ser inclusivos.
Tabaré: Y la simpleza. No pretender
alardear con la lapicera. Eso es un a militancia personal que tenemos, de
tratar de hacer simple lo complejo, no complejizar lo simple. Tampoco es que
tengamos una antena con la que agarremos ruso y lo pasemos al lunfardo, pero
estamos atentos a lo que pasa. Tenemos ciertas herramientas con las cuales
podríamos hacer que fuera un poco más barroco, más sofisticado. Pero hacemos un
esfuerzo que viene a ser como la filosofía Picasso: aprender a pintar para
después desaprender, y que todo el mundo entienda que eso es una paloma.
Estamos orgullosos de que nos digan que lo que hacemos es simple, porque es un
laburo premeditado.
Heredera
conceptual de las murgas cooperativas de los ’70 y ’80, que pese a la cruenta
dictadura seguían vibrando en un carnaval que ni los peores bigotes pudieron
censurar, esta murga mantiene sus miembros originales y crece en conjunto y
horizontalmente. “Para nosotros la
Catalina es también la síntesis del mundo que quisiéramos; si
pudiéramos rearmar la sociedad, la semilla es ahí”, nos cuenta Yamandú con una
sonrisa. Literalmente son una familia, no sólo de parientes (también forma
parte de ella Martín Cardozo, el menor de los tres), sino también de amigxs,
que se sostienen mediante un constante trabajo de equipo, donde la jerarquía no
existe y la responsabilidad es colectiva. Maravilla enterarse que esa barra que
decidió un día subirse al tren de la murga haya llegado tan lejos. Tabaré
reconoce otro elemento crucial: “El culo. ¿Cuántos aviones nos tomamos? No se
cayó ninguno. La vida es un milagro increíble, tantas cosas podían salir mal y
salen bien. Como que estos muchachos, una tribu de amigotes de Yamandú, se
hayan convertido en un grupo de hombres y mujeres artistas, todos juntos, y
sigamos siendo amigos… La pasamos de novela, estamos locos de la vida de estar
haciendo esto y tenemos ganas de seguir haciendo.”
Después de dos horas de mates
(infalibles, hay que decirlo, pues los charrúas tienen ese qué sé yo que hace
que no se laven nunca), un par de fotos y nos despedimos de los Cardozo con el
corazón contagiado de su alegría, felices de ver cómo da frutos otro árbol cooperativo.
Diciembre/13
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