domingo, 1 de diciembre de 2013

Carnaval toda la vida

 Sin maquillaje y disfrazados de gente corriente, los letristas de Agarrate Catalina se prestaron para compartirnos la historia de esta arrasadora familia murguera que casi sin querer se ganó un lugar entre la nobleza del Carnaval, rueda por todo el continente y sigue cantando con el mismo entusiasmo con el que nació.



INFLADO EL PECHO... DE HUMILDAD

 Llegamos al Bauen, son casi las ocho y estamos frente a los hermanos Yamandú y Tabaré Cardozo, que nos convidan unos mates mientras arrancan a dar charla. Anoche sacudieron el Luna Park de la mano de gran León Gieco, el “Bob Dylan latinoamericano”, que según nos cuentan es ya un amigo de la casa. Lo conocieron allá por el 2008, en un festival en Montevideo en el que ambos se presentaban, y a través del dúo folklórico Labarnois-Carrero se pusieron en contacto. Entonces descubrieron que el rumor de que era un admirador suyo e iba a verlos a La Trastienda era cierto, y automáticamente lo invitaron a la gira “La Catalina va a la escuela”, en la cual recorrían escuelas públicas o rurales del interior de Uruguay y Argentina acercando la murga a lxs chiquilines. Al hablar del hombre leyenda, a Tabaré se le ilumina la cara: “Las relaciones pueden ser verticales u horizontales, y generalmente con una persona famosa, necesariamente son verticales, porque está establecido así y no hay otra manera. Lo increíble es cuando una persona que está encumbrada en ese sitial, tuerce la historia e inmediatamente pasa a ser uno más. Creo que al tercer día de estar de gira ya estaba hasta las cuatro tomando vino y contando chistes con nosotros”. Lxs catalinxs se encuentran en un punto intermedio entre el estrellato y el anonimato, ya que  aquí no son famosxs individualmente pero sí como grupo, mientras que en su lugar natal no hay quien no conozca sus caras. “A nosotros nos tocaron con la varita mágica, viajamos por todo el mundo y nos va bárbaro, entonces así tiene un costo social: ‘Usted está en un lugar de privilegio, entonces esté a la altura de las circunstancias, tenga cuidado con lo que declara…’ Está muy bien que así sea, porque no es que te hiciste fama y te echaste a dormir. En Uruguay esa siesta no corre”, continúa Tabaré, quien es además director de la murga.
 Llama la atención la humildad y el respeto con el que tratan su obra y las ajenas, y eso se debe a la entrega total que con la que se mueven, lo que los convierte de talentosos en verdaderos artistas. “Sabés que Alfredo (Iriarte), un compañero que trabaja en la Catalina haciendo máscaras, nos cuenta siempre una frase que dice: ‘Los uruguayos son muy humildes, pero se mueren de bronca si no te das cuenta’”, se ríe Yamandú, charrúa de ley.

HIJXS DE MOMO

 Agarrate Catalina  es una cooperativa artística que nació a principios del 2001, de entre las ganas de murguear de la barra de amigxs de Yamandú. En cuestión de meses empezó a dar sus primeros brotes, pasaron la Prueba de Admisión y fueron la revelación del Carnaval del 2003. Tiempo después se llevan el primer premio en el Concurso de Murgas Jóvenes, no sólo una, sino cuatro veces consecutivas. Fueron gestando así distintos espectáculos de carnaval, estrechando cada vez más la fina línea entre el amateurismo y el profesionalismo: “El tiempo” (2004), fue el primer disco que editaron, luego vino “Los sueños” (2005), “El fin del mundo” (2006), con el cual cruzaron la ribera, “El corso del ser humano” (2007), “El viaje” (2008), en el cual incorporaron al Zurdo Bessio a la tropa, “Civilización” (2010), “Gente común” (2011), y “Comunidad” (2012), su última presentación en el Concurso Oficial. Entretanto se les abrieron las puertas en otros escenarios, se animaron a cruzar fronteras y salieron a repiquetear por toda Latinoamérica, llegando también hasta Francia y España. Hoy la Catalina reúne un grupo base de 12 personas que viven de la murga, más otra veintena entre maquilladorxs, vestuaristas, escenógrafxs, etcétera, y unos diez miembros más, que se suman exclusivamente para las giras.

LA CLAVE DEL ÉXITO

La murga porteña maneja un código muy distinto de la uruguaya… ¿por qué creen que tienen tanta repercusión en la Argentina?
Yamandú: Capaz en gran medida porque ya estuvo la Falta y Resto antes, entonces cuando nosotros llegamos ya había un montón de banderitas plantadas. La Catalina tiene un piso en sus espectáculos, un nivel… perfecto, otra murga también, igual o más. Es medio un misterio, que nos indica que no tenemos la baraja marcada, y a veces patinaremos, no nos irá tan bien. No podemos replicar algo que desconocemos cómo se fabrica. Sabemos lo que hacemos, que es poner muchísimo laburo y mucho amor.

 Entonces, ¿por qué la Catalina sí y otras no? Es cierto que existen otros grupos con un despliegue escénico similar, con muchísima trayectoria, y sin embargo… Tabaré, que en el origen de la murga era parte de Los Curtidores y ya había pasado la edad reglamentaria para participar del Encuentro de Murga Joven, vio el proceso desde afuera y nos explica: “Creo que tiene que ver con una cuestión de amor, de trabajo, de rigor artístico, de calidad, pero todas esas condiciones también las reúnen otras murgas a las que no les pasó lo mismo. El diferencial que yo encuentro, es que coyunturalmente la murga cayó con un discurso apropiado en un momento de transición artística especial. Es lo mismo que le pasó en el rock a No te va a gustar y a La Vela Puerca. Hay otras bandas que reúnen condiciones parecidas, sin embargo las que explotaron acá fueron esas dos. Son bandas de amigos del barrio que crecen juntos, y los procesos de siembra coinciden con la edad para sembrar. Al principio te tenés que comer cocoas, como dormir todos juntos en un hostal, con ruido, y comer una muzarella, tomar una cerveza, e irte sin dormir. Eso lo tenés que hacer durante dos años capaz. Si vos tenés una murga que está buenísima, pero tiene un dueño y los murguistas arreglaron solamente para el carnaval, por un caché, o tienen 30 años y una familia,  de repente les ofrecés viajar a Buenos Aires para una gira y que nos coman los piojos, para sembrar, y la mitad no le van, con toda la razón del mundo. En cambio si vos tenés 18, y estás en la fiesta, lo podés hacer. Así lo hicieron durante diez años La Vela y NTVG, y ahora llenan estadios”.
 Fueron subiendo peldaño a peldaño, de manera natural, y pese a tener una hinchada enorme (no hay que olvidar que la murga del otro lado del río se vive con pasión futbolera), gente que se tatúa su logo e incluso niñas llamadas Catalina en su honor, no tomaron plena conciencia del fenómeno que eran hasta que empezó a sucederles algo histórico: en los ensayos generales de finales de enero, previos al Carnaval, tienen un público autoconvocado de unas 2500 personas, que hasta llegan temprano para encontrar un mejor lugar. “Es un ensayo donde vos tenés que equivocarte para aprender. Tenemos que prepararnos psicológicamente para eso. Nos tuvimos que empezar a moldear para no errar cuando estamos pasando, y si te equivocás tener cancha con tus murguistas para corregirle un error sin ser grosero, no humillar a alguien en público, no cancherear en tu rol. Ir midiendo cuando un chiste no funciona, que la moral se te viene al piso, y todo eso es un Gran Hermano permanente”, advierte Tabaré. Sin menospreciar el amor de sus seguidores, hace dos años que no pisan el tablado del Teatro de Verano, aunque no descartan regresar.

¿Por qué decidieron dejar de participar del Concurso de Carnaval?
Yamandú: El Carnaval tiene una dinámica muy linda porque te obliga a generar espectáculos todo el tiempo, es como si una banda tuviera que sacar un disco por año y competir con otra. Está bueno y a la vez no, porque hay espectáculos que tenés la certeza de que pueden seguir rodando y querés seguir usando esas pieles. Crear contrarreloj no está bueno, se empieza a perder la calidad e la producción cuando se hace en serie. Además corrés el riesgo echar mano a sistematizar otras cosas que has hecho, terminar repitiéndote en la desesperación. También una cuestión de sacar la cabeza un poquito de la guillotina artística que es la competencia. El Carnaval es un lugar que adoramos, es nuestra cuna y nuestro lugar habitual, pero también ha cobrado una importancia el Concurso que nos estaba pesando un poco. También necesitábamos hacer función en otros lados, donde la gente no va necesariamente a medirte en relación con otro, sino que va a dejarse enamorar, que va dispuesta.
Tabaré: Hay una cosa que es ridícula: hay como una elite de entendidos del asunto que están el Teatro de Verano, en postura de análisis intelectual. Están en esa gimnasia que es ver caer al trapecista. Además está la pica entre las hinchadas de las otras murgas y la nuestra, aunque nosotras no las tengamos.

 Con todo, no están peleados con la cúpula carnavalera ni mucho menos: han crecido entre tablados y mascaritas, se nutrieron con el código de la murga tradicional y una vez que tuvieron el poder de ejecutar sus propios cuplés, hicieron gala de todo lo aprendido mechándolo con ingredientes de su propia cosecha. Así, sin pasteurizar su discurso sino espontáneamente, lograron un híbrido entre lo clásico y lo moderno, que en vez de ser contestatario, como la mayor parte de las murgas jóvenes, aúna lo mejor de ambos aspectos. Conviven en sus temas el chiste inocente que suelta carcajadas, con la sátira ácida, un cross a la mandíbula que nos deja reflexionando, a veces con un dejo amargo que también es necesario.

¿Cuál es el elemento fundamental en una murga?
Tabaré: La letra. Algo para decir. Si vos tenés una idea, tenés una murga, aunque la hagas con cuatro viejas que estén jugando al bingo en la esquina. No importa que canten todos mal y suene todo desafiando, mientras tengas ganas y algo para compartir, que te inquiete tanto que no tengas más remedio que decirlo. Si vos tenés un coro, plata para los trajes, todo, y no tenés una idea, tendrás un espectáculo, pero no una murga.

 Respuesta tajante, con la seguridad de quien sabe de lo que habla. Hace una década que los hermanos Cardozo trabajan juntos en la escritura, y la cosa funciona porque se divierten haciéndolo. Del 2005 al 2010 contaban también con la colaboración de Carlos Tanco, con el cual formaron “un monstruo de todos”, un ego colectivo en el cual todos los votos tenían el mismo peso. Se tienen una extrema confianza, y así aprendieron ser despiadados con ternura, ser firmes en el amor y en el respeto para trabajar con las ideas ajenas.
 Si algo destaca a Agarrate Catalina es el contenido de sus temas y la sencillez de su poesía. Saben estar a la orden del día más allá de la agenda oficial, y tienen una firme posición política que no se casa con nadie. Allí estuvieron cuando se apareció la controversialísima Botnia (“La papelera”), bancando al Pepe Mujica desde que asumió, para pegarle a Tabaré Vázquez, vacunando a Pedro Bordaberry (“Ley de imputabilidad”), hablaron asimismo de la globalización, de los prejuicios cotidianos (“Gente común”), de la endémica violencia… y siempre media el humor, como cable a tierra y como paño frío, para recordar que incluso entre tanta miseria vale la pena seguir haciendo de la vida un arte.

¿Tienen algún criterio específico a la hora de componer?
Yamandú: La temática universal. La murga está muy apegada al reglamento de concurso, que te exige tener la crítica de actualidad; eso vos lo traés para otro lugar que no sea Montevideo y es un embole. Si localizás demasiado la problemática, se hace incomprensible. Ahí está la diferencia con la Catalina, en que hacemos un intento fuerte por ser inclusivos.
Tabaré: Y la simpleza. No pretender alardear con la lapicera. Eso es un a militancia personal que tenemos, de tratar de hacer simple lo complejo, no complejizar lo simple. Tampoco es que tengamos una antena con la que agarremos ruso y lo pasemos al lunfardo, pero estamos atentos a lo que pasa. Tenemos ciertas herramientas con las cuales podríamos hacer que fuera un poco más barroco, más sofisticado. Pero hacemos un esfuerzo que viene a ser como la filosofía Picasso: aprender a pintar para después desaprender, y que todo el mundo entienda que eso es una paloma. Estamos orgullosos de que nos digan que lo que hacemos es simple, porque es un laburo premeditado.

 Heredera conceptual de las murgas cooperativas de los ’70 y ’80, que pese a la cruenta dictadura seguían vibrando en un carnaval que ni los peores bigotes pudieron censurar, esta murga mantiene sus miembros originales y crece en conjunto y horizontalmente. “Para nosotros la Catalina es también la síntesis del mundo que quisiéramos; si pudiéramos rearmar la sociedad, la semilla es ahí”, nos cuenta Yamandú con una sonrisa. Literalmente son una familia, no sólo de parientes (también forma parte de ella Martín Cardozo, el menor de los tres), sino también de amigxs, que se sostienen mediante un constante trabajo de equipo, donde la jerarquía no existe y la responsabilidad es colectiva. Maravilla enterarse que esa barra que decidió un día subirse al tren de la murga haya llegado tan lejos. Tabaré reconoce otro elemento crucial: “El culo. ¿Cuántos aviones nos tomamos? No se cayó ninguno. La vida es un milagro increíble, tantas cosas podían salir mal y salen bien. Como que estos muchachos, una tribu de amigotes de Yamandú, se hayan convertido en un grupo de hombres y mujeres artistas, todos juntos, y sigamos siendo amigos… La pasamos de novela, estamos locos de la vida de estar haciendo esto y tenemos ganas de seguir haciendo.”

 Después de dos horas de mates (infalibles, hay que decirlo, pues los charrúas tienen ese qué sé yo que hace que no se laven nunca), un par de fotos y nos despedimos de los Cardozo con el corazón contagiado de su alegría, felices de ver cómo da frutos otro árbol cooperativo.

Diciembre/13

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