En 2004, inspiradxs por los movimientos asambleístas post-crisis, doce colegas decidieron conformar una cooperativa fotográfica bajo el sello Sub. Una década después, estamos en su búnker de Almagro, entre afiches, fotos y libros, para enterarnos cómo construyeron su propia forma de mirar y mostrar las realidades que la mayoría prefiere no advertir.
De lxs integrantes originales, unxs se fueron y otrxs se sumaron, quedando
ahora siete integrantes: Gisela Volá,
Nicolás Pousthomis, Gabriela Mitidieri, Gerónimo Molina, Martin Barzilai y
Verónica Borsani desde Argentina, y Olmo Calvo Rodríguez desde España. Los tiempos cambiaron sus ojos,
pero no sus ganas de contar historias. Actualmente colaboran con medios
gráficos nacionales (THC, Crisis, Página/12, Rolling Stone, Playboy, Viva,
Newsweek…) y extranjeros (Le Monde Diplomatique, Le Figaro, Der Spiegel, Die
Zeit, Ingandea, Interviú, Gatopardo, El Nuevo Día, etc.), y en paralelo continúan
realizando sus propios proyectos de manera autogestiva. Pasearon por los telos
del conurbano, estuvieron en la 21-24 de Barracas, en el Bauen luchador, en los
santuarios de la milagrosa Gilda. Retrataron veteranos de Malvinas, los
internos del Borda, sobrevivientes de la gran inundación de La Plata, amigxs y
compañerxs de militancia de Darío Kosteki y Maximiliano Santillán, habitantes
de la isla Maciel, al borde del Riachuelo y de la basura de Dock Sud. Nicolás
nos cuenta que cuando comenzaron, tomaron el modelo de trabajo en conjunto de
las fábricas recuperadas, asambleas populares y movimientos de desocupados. Tal
como muchas otras experiencias en Argentina, encontraron en el cooperativismo
una forma de ser fieles y coherentes con su modo de ver el mundo, y contribuir
en su transformación. De cualquier manera, esa estructura horizontal que puede
resultarnos tan familiar, en otras partes del mundo sigue sorprendiendo: ¿cómo
que cobran todxs lo mismo? ¿Y la autoría es del grupo entero? Sí, y no es una
locura, sino una convicción y una apuesta a la solidaridad. “Los colectivos y
las cooperativas tienen ese doble desafío de producir con autogestión y que sea
un material de calidad, tratar de ser cada vez más finos y mejores en nuestro
trabajo. Nosotros veíamos una sinergia
en que cuando estábamos charlando, las ideas no sabíamos de dónde surgían, pero
no surgían de una cabeza, sino del resultado de todas esas cabezas, y que era
imposible que una persona sola pueda tener esa idea. Entonces la fuerza estaba
en eso, y había que cuidarla, la podíamos perder si no éramos suficientemente
estrictos o rígidos, o de alguna manera tratar de trabajar de la manera más
consciente posible”.
El discurso de Sub está un paso adelante, mirando el revés de los
lugares comunes y los estigmas. Nos cuenta Nicolás: “Nos gustaba mostrar algo que no estaba siendo demasiado
visibilizado, la construcción y la resistencia. Entonces visitábamos las
villas, los movimientos sociales, los piquetes y cortes de ruta, las luchas de
los pueblos originarios. Estaba siendo muy fragmentada la visión que se
transmitía en los medios. Había una decisión de pecar de ingenuos pero tratar
de mostrar eso, no la alegría en la pobreza, sino la resistencia, la fuerza y
la lucha. Tampoco la dignidad, porque la dignidad es de todos, sino los
emprendimientos que hay, construyendo otra cosa. Veíamos que había una manera
de mostrar que era más de Sub. Nosotros hacemos el Bajo Flores pero no vamos a
los narcos, sino vamos al comedor, a las amazonas, a la gente que realmente
fabrica otro mundo. Y un poco con todo, de qué manera mostrás a los campesinos
de Paraguay, a las chicas que luchan contra el aborto…”.
Es una propuesta permeable a cualquier espacio que respete sus
condiciones: se pueden ver sus trabajos tanto en centros culturales barriales
como en la más refinada de las galerías de arte, tanto en una tapa de La Nación
como en una Hecho en Buenos Aires, y no resulta para nada contradictorio. “Hay
un doble juego de poder meterse en circuitos donde uno cree y tiene la voluntad
de meter ciertos discursos y temáticas, porque nosotros hacemos eso: fotografía
documental donde contamos historias que nos parece que valen la pena esa
difusión, entonces tratamos de llegar a la mayor gente posible. Entendemos que una
foto colgada en una galería se ve de cierta manera, el contexto la tiñe de
sentido, y esa misma foto la colgás en la calle y se ve de otra manera.
Tratamos de no dejarnos usar tanto, o si nos dejamos usar, que también nos
sirva de algo.”, manifiesta Nicolás.
Desde esta plataforma, combativa y consciente de sus limitaciones,
construyeron una metodología de trabajo que los vincula directamente con lxs
sujetxs que retratan: buscan hacer una fotografía que sea útil para la gente.
En este sentido, Gerónimo nos dice: “Para nosotros la fotografía es una forma
de vincularnos. Y que eso que estás haciendo de alguna manera quede en el
lugar, sirva para motorizar algo… En algunos casos ha traído dinero a las
organizaciones, muestras, o difusión, o lo que fuere. Personalmente es el valor
que le encuentro a lo fotográfico, más que lo artístico o lo expresivo, que
también los tiene y les prestamos atención.”
Cada paso que dan, desde la elección de una temática, un
escenario, su consiguiente investigación, el contacto con las personas que van
a retratar, y finalmente el proceso de selección y edición de las imágenes,
lleva muchísimo tiempo de discusión. Son muy meticulosxs con su trabajo, no
sólo por un rigor estético, sino principalmente porque caminan juntxs, y se dan
el espacio para debatir a fondo hasta llegar a un acuerdo. Y cuando les hace
falta un respiro, hacen un hueco en un fin de semana y se van a algún lugar
verde y tranquilo, algo así como un “retiro místico”, para alejarse de las
telecomunicaciones histéricas y poder meterse de lleno a terminar un proyecto. Quizá
es un sacrificio implica comer papas al mes siguiente, porque rechazan ofertas
de trabajo durante los meses en que están metidos con una muestra en
particular, pero la recompensa artística y humana es mucho más importante.
Como siempre que tratamos con cooperativas, sabemos que se
cimentan de voluntades: se trabaja mucho y se gana poco. Dedicarnos a lo que
nos gusta es un fin en sí mismo, pero eso no alcanza cuando le añadimos el
gasto de vivir. En este sentido, Gerónimo es muy claro: “Estamos hablando de
dinero y de capitalismo. Yo me animo a cuestionar a cualquier que nos venga a
decir “Che, publicaron acá”, o “Trabajaron con tal”, a ver cómo se sustentan.
Me parece que hay una vara de la ética que se aplica para afuera, pero para
adentro… Por ahí es como ‘el fin justifica los medios’, pero para mí es más
importante la supervivencia del colectivo. Que sea una plataforma que nos
permita una o dos veces por año dedicarle un mes a un trabajo que queremos hacer,
y durante ese tiempo no estamos trabajando, se corta la parte de prensa (que
tampoco nos llenamos de oro), para poder dedicarle a lo que realmente queremos
hacer. Para mí poder estar viviendo, haciendo lo que me gusta con la gente que
quiero, es más valioso que cualquier gilada que puedan decir.” Añade Martín: “No tenemos otra. Si yo me hago el que tiene otra, Sub se
convertiría en un club de fotógrafos. Esa dicotomía en la vida militante, lo
hice años en otros lugares y no me llena, a nivel personal no me satisface. En
el sentido de que si me involucro algunas horas a la semana a cambiar el mundo
me parece que no es suficiente, y aparte tengo mi trabajo para el enemigo. No
estoy condenando a la gente que lo hace, pero a mí al final siento que me falta
algo, una coherencia individual.”
Así, colaborar con medios
diversos nunca afectó la coherencia discursiva de Sub, aunque al tener fotos
distribuidas en distintos países, no siempre les respetan los textos que
acompañan cada imagen y se tergiversan los mensajes. Y se llevan sorpresas: una
revista “femenina” de corte conservador, publicó una nota particularmente
crítica de la burguesía argentina, usando su material de “A puertas cerradas”
sobre las intimidades de una familia que reside en un country. En contrapartida,
también hay casos lamentables, en los que no pudieron tener control sobre lo
que se publicaba: “Hay un momento muy fuerte en el que dejamos de trabajar con
ciertas agencias. Fue cuando los Mapuches recuperaron las tierras en Santa Rosa
de Leleque, en la Patagonia, cuando perdieron el juicio contra Benneton.
Volvieron a las tierras, las recuperaron, armaron una escuela. Nosotros éramos
los únicos que teníamos esas imágenes. Entonces las empezamos a difundir porque
decíamos: ‘Estamos logrando que esa información les sirva a ellos como apoyo’.
Una agencia las publicó con el epígrafe: ‘Los mapuches ocupando una tierra que
consideran que es de ellos, pero es de Benneton’. Ahí decidimos que hay
material que no se puede entregar si no es bajo condición. Entonces algunas
fotos están bloqueadas en cuanto al epígrafe para que se respete esa postura.”,
declara Nicolás.
Arte, política y comunicación
son un todo indivisible desde la mirada de Sub: “Nuestra apuesta política está
también en la manera que tenemos de resolver nuestra economía personal, eso
también es político. Y lo que nosotros estamos declamando está también a través
de nuestro funcionamiento.”, es lo que afirma Nicolás, pero también es una
convicción de todxs lxs integrantes de la cooperativa.
Estamos transitando el cumpleaños número 10 del colectivo, e
inevitablemente se tiende a hacer un balance de camino recorrido y las próximas
metas. En los últimos años empezaron a explorar más las intervenciones
callejeras (recientemente hicieron una serie de afiches con fotos sobre la
represión en Brasil, llamada “Esto también es Mundial”), y también el material
filmado (publicaron algunos videos cortos de sus muestras “Gilda, la
milagrosa”, “Oxígeno Cero” y una intervención de gigantografías que realizaron
junto al Festival CineMigrante). Nicolás nos habla de un constante replanteo
del proyecto: “Logramos que Sub sea lo suficientemente abierto como para que
todo se pueda volver a cuestionar y que tengamos siempre ganas de meterle cosas
distintas, cambios, y en ese aspecto a nosotros nos gusta investigar. Nos
sentimos bastante felices de poder trabajar de fotógrafos y tenemos un oficio
muy expresivo, y Sub todavía tiene es posibilidad de darnos ganas de avanzar. Sentimos
que 10 años son una fecha, como una efeméride, podrían pasar los años sin que
se haga una fiesta.” Añade Gerónimo: “En la reunión anual, no es que vas sin
saber si va a haber Sub o no, pero se pone todo sobre la mesa: qué tenés ganas
de hacer este año, vas a estar o no. Te da cierto desequilibrio pero es lo que
mantiene vital el proyecto, porque si te sujetás mucho a tus propias reglas, te
terminás acogotando con cosas que ya no te representan, o que en un momento te
parecían geniales y después se transformó todo tanto que se desdibujan. Si no
está ese espacio para reformularse te
transformás en un oficinista, en otra cosa que no querías ser”.
¿Hacia dónde van ahora? Gerónimo nos tira una punta: “En la medida
en que hables para el que ya sabés que piensa igual que vos, es medio corto el
camino de ese trabajo y queda en el amiguismo y la simpatía, que está genial y
es imprescindible, pero en un punto hay que tratar de pegarle en la cabeza a
otro. Me parece que eso te pide más calidad, incorporar otras herramientas,
complejizar mucho las cosas, a veces no ser tan señalador, presentar las cosas
para que las cierre el otro… Creo que esos son temas que tenemos en la mesa y
que son producto de esos 10 años de trabajo también. Concretamente está el
próximo trabajo colectivo, que aspiramos a cerrar a fin de año, con una muestra
y un libro. No sabemos muy bien todavía cómo va a ser, pero es de alguna manera
un balance de esos 10 años, y va a incluir un poco de lo que es Sub y de lo que
quiere ser.” Nosotrxs, que también estamos de festejo, seguramente vamos a
andar por ahí haciéndoles el aguante y tejiendo redes, para que cada vez seamos
más bajo la bandera cooperativa.
Julio/14
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