viernes, 1 de agosto de 2014

Una lucha permanente

Era diciembre de 1975 cuando un grupo autoconvocado de distintxs activistas se reúnen para conformar la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, que continúa creciendo con una convicción inalterable: al poder nefasto, oponen contrapoder popular, transparente y participativo.


 La APDH es una asociación civil en la que confluyen personajes de renombre mundial (Adolfo Pérez Esquivel), referentes de pueblos originarios (Félix Díaz), autoridades religiosas (Luis Farinello), militantes políticos (Atilio Borón), líderes sindicales (Hugo Yaski), y una muy extensa lista entre participantes activxs y adherentes. Este colectivo, de lo más heterogéneo, se ocupó desde sus inicios, en el umbral de la dictadura, de hacerle frente a la injusticia mediante la denuncia, la visibilización y la discusión colectiva. Nos acercamos a la sede de La Matanza, donde pudimos conversar con Pablo Pimentel y Fernando González.
 Hace unos años tenían una casa, de la que tuvieron que mudarse, y entonces apareció la idea de venirse a este terreno que linda con la vía. Fernando me explica: “Éste es un espacio recuperado. Era un basural, muchísimo más largo, que distintos vecinos empezaron a limpiar. Nosotros llegamos, hicimos una asamblea, les contamos que queríamos convertirlo en un espacio para la vida, para las actividades, la militancia. La forma de empezar fue construyendo un pequeño lugar para poder atender a las familias que vienen con algún problema. Teniendo un espacio tan grande, se fue acercando gente y empezamos a hacer actividades culturales.” Diego, que solía aparecerse por la casa anterior, fue el que empezó a moverse para convertir este rincón abandonado en una plaza y una huerta comunitaria. “Acá hay todo un trabajo artesanal porque no tenemos financiamiento de ningún lado, lo podés ver. Estamos contentos de ser así porque nos da total independencia. No tenemos que rendirle más que a nuestra conciencia y a nuestro grupo”, comenta Pimentel, miembro del Consejo de Presidencia de la APDH. Tienen una infraestructura básica de dos casillas, pero suficiente voluntad para hacer que crezca, así que ya arrancaron a construir un galpón de 100m², más adelante será una canchita de fútbol, y así hasta que no queden rastros del basural.
 Es un organismo que no tiene fronteras y puede actuar en todo el país. Así intervinieron en causas externas como la presentación de un amicus curae por la cadena perpetua de los petroleros de Las Heras, otro por la de la desaparición de Facundo Rivera Alegre en Córdoba, los juicios de Lesa Humanidad y los incontables habeas corpus que expidieron tanto en dictadura como en democracia. Hace pocos meses empezaron a patrocinar otro caso paradigmático: el de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, que sorprendentemente no tenía abogadxs.
 La función principal de esta organización es la de defender nuestros derechos fundamentales, ya que constantemente son vulnerados y es lamentable que ni nos sorprenda. Luego de analizar y chequear las denuncias que les llegan, se ocupan del patrocinio legal de las causas y principalmente de la contención de las familias. “Un poco lo definimos de esta manera: al poder nefasto le armamos contrapoder popular, transparente, participativo, horizontal. La idea es que la APDH no se ponga al frente de una causa, sino que acompañe a la par a la familia. Y que ésa familia sea a su vez solidaria con otras familias, y se forme una red que sea permanente en la discusión de los derechos, para que sean exigidos, ejercidos y respetados por las instituciones”, define Pablo.

¿Les genera conflictos que sea un espacio multipartidario?
P: No, hay una convivencia. Se ha compuesto desde un arco muy amplio desde lo ideológico. Algunas medidas de este gobierno generaron discusiones sanas, con mucho respeto. Hay cosas que nosotros apoyamos en forma incondicional, como los avances en la inclusión social y los juicios de lesa humanidad, ¡te imaginás que los estuvimos esperando 28 años! Y se producen algunas contradicciones. Por ejemplo: se promocionó mucho el tema del empoderamiento de la ciudadanía, pero a la vez hubo desatención a los pueblos originarios. La APDH ha acompañado desde el primer día del acampe que hizo la comunidad Q’om de Formosa, y fuimos uno de los impulsores de la mesa de diálogo. Ahí no hubo resultado. El gobierno tuvo una muy mala postura, se alió con Insfrán y hasta ahora ha salido todo para atrás. Los DDHH se defienden o se violan, no hay término medio. En esos temas, el gobierno los viola sistemáticamente. Todos los reclamos que haya por pueblos originarios, territoriales, o lo que sea la megaminería, luchas contra Monsanto… Pero esas cosas no nos han dividido para nada.

¿Cómo intervienen en el tema de la vivienda?
P: Empezamos en la década del ’80, acompañando tomas de tierras; en el ‘86 fue la creación de un barrio, 17 de marzo, y a partir de ahí no paramos en defender u orientar gente que no tenía vivienda. Hace  15 años venimos con lo que son las auto-urbanizaciones de villas, por ejemplo Villa Palito. En el ’99 nos metimos a pedido del cura del barrio, para darles clases de DDHH a los jóvenes. Sugerimos qué se podía hacer, al tiempo de ellos, y fue una experiencia muy linda porque esos mismos protagonistas hoy son funcionarios del municipio y están urbanizando ya siete villas a la par. Ahora me voy a Villa Alberti, que viene muy bien en tema urbanización. Entendemos que no se puede concebir nunca que una persona no tenga su propio territorio para poder desarrollarse.

Respecto al caso de Luciano Arruga, ¿cómo se enteraron? ¿Cuáles fueron las primeras medidas y en qué están ahora?
P: Vanesa (Orieta) se acercó en marzo del 2009 a la otra casa. Me cuenta todo, justo estaba solo ese día atendiendo, y al otro día fuimos a la fiscalía. Sin conocer mucho, pero con lo que me había contado de que tenían una fuerte sospecha de que había sido la policía, y los tenía metidos adentro de su casa, controlando llamadas, entradas, salidas... Eso llevó a un acompañamiento ininterrumpido a la familia, denunciando todas las acciones jurídicas que se han hecho mal. Ahora la causa está en manos de un juez federal, salió de la justicia policial hace un año y medio. Los que tenían la causa tienen un enjuiciamiento cada uno: la primera fiscal, la segunda y el juez de garantía. Lo más reciente es que se ha presentado un habeas corpus, rechazado en primera instancia por el juez federal Salas. Una cosa llamativa: se presentó al mediodía y a las 2 de la tarde ya estaba rechazado, un habeas corpus que tenía más de 40 páginas para analizar. Se apela y la cámara federal en 24 horas da lugar al rechazo. Apelamos y vamos a casación, que es la anteúltima instancia que tiene la justicia argentina para apelar. Esta sala cumplió su rol, no es que hizo una cosa excepcional: estudió el habeas corpus, nos citó para que fundamentáramos, y el abogado del CELS, Maximiliano (Medina), lo fundamentó muy bien. Contestaron a los 5 días y dieron lugar al habeas corpus. Ahora obligaron al juez a que dé respuesta a esta presentación, obligando al estado provincial y al estado nacional a que arbitren todos los medios para dar con Luciano.
F: Sucedió que Vanesa, la hermana, tiene una fuerza… Hoy en día la chica es un cuadro político por cómo es, por la fuerza que tiene, y detrás fue la APDH, fue el CELS. En los casos en que se llega a clarificar es cuando la familia se hace cargo de lo que le está pasando y va para adelante.
Además de golpear mil y un puertas en Tribunales, impulsaron el cierre del destacamento de Lomas del Mirador. Tras un acampe de 70 días frente al lugar, ocupado por Gendarmería, donde participaron amigxs, familiares y militantes, lograron su clausura. Burocracia y papeles mediante, están ahora a la espera de que se reabra para convertirlo en el Centro Cultural Luciano Arruga. Una vez más, la APDH se ocupa de transformar la miseria que nadie quiere mirar en espacios de vida y participación colectiva.
Un caso similar fue el de Gabriel Blanco, torturado y muerto en la comisaría de San Carlos, en Isidro Casanova. La policía declaró que se había suicidado, pero tras años de investigación, y finalmente un informe de la Gendarmería, quedó demostrado que esa historia era falsa. El juez de garantía apresó a los policías implicados, y ellos armaron una contra causa en la cual acusan a Pimentel de haber convencido a los presos que atestiguaron en la causa. A Pablo no se lo nota muy afectado: “Son oficiales, los tipos no se imaginaron nunca que este caso iba a avanzar. Cuando vieron que habíamos cumplimentado todo, y después la reconstrucción que se hizo, ahí se preocuparon y contrataron a estos abogados. Son caranchos, cuervos, no les importa absolutamente nada. Defienden con lo que tengan en el camino, utilizan la mentira, y arman esta historia. Después no tienen nada para contrarrestar el peso de por qué están presos: tortura seguida de muerte. No es sencillo eso, son muchos años que les van a dar.” Fernando añade: “Eso te deja  ver que detrás de todo esto, que por ahí empieza con una madre llena de dolor porque el hijo está  preso, o porque lo mataron, cuando empezás a tirar del hilito, es muy grande y en la punta tiene poderes muy fuertes. Es la mugre peor del conurbano, donde se juntan el poder político con el policial y judicial.”

¿Cómo hacen, a nivel humano, para lidiar con la impotencia frente a esos poderes?

F: Justamente esa lucha contra un monstruo tan grande hace que uno no tenga posibilidad de claudicar, porque es mucho lo que hay que cambiar. El aparato judicial, el sistema penitenciario: ahí se comenten atrocidades con los pibes y sobre todo, siempre pasa con los sectores más vulnerables. Las cárceles no están llenas de delincuentes: están llenas de delincuentes pobres. Yo camino por acá mil veces y nunca me paró la policía a preguntarme quién soy; mi compañero es un poquito más morocho y lo paran día por medio. Toda esa bola de desigualdad, corrupción, impunidad, hace que nos mantengamos juntos y peleando, y cada vez hay más gente que de distintos frentes inicia esta resistencia. 

P: Lo definimos de esta manera: al poder nefasto le armamos contrapoder popular, transparente, participativo, horizontal, asambleario y con conocimiento de los derechos de cada uno. También los deberes, para exigir también hay hacerse cargo. Contrapoder popular, basado en una filosofía que la APDH tiene desde su fundación: toda metodología es pacífica, activa, no violenta.


Atención al público: lunes y miércoles de 18 a 20 en Esnaola 3780 (esquina Cabrera).
Consultas:
Pablo: 15-5183-0914
Fernando: 15-6616-9765
Betty: 15-5375-0503
Cristian: 15-6907-6622

Agosto/14

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