lunes, 1 de septiembre de 2014

El bichito sigue picando

¿Cómo se sostiene una identidad sonora por casi 20 años? ¿Cómo se le escapa a la polaridad manteniendo un mensaje crítico? El Arbolito tiene raíces profundas y resistentes. Con 6 discos editados y casi 20 años de carrera, se los ve –y escucha- cada vez más sólidos, conservando las ganas de seguir desafiándose.



  Charlamos con Agustín Ronconi y Ezequiel Jusid, que hace pocas noches anduvieron por el oeste con su ciclo Vinito y Amor. Desde su sala de ensayo en un sótano inadvertido de Parque Patricios, nos contaron de su último trabajo de estudio, Acá Estamos, su primer dvd, Mil Colores, y su visión sobre el arte y la política como una herramienta de cambio.

LA MALA REPUTACIÓN

En su trayectoria conquistaron un público muy amplio, que llena las fechas y hasta se tatúa símbolos de Arbolito. ¿Cómo es su relación con sus seguidorxs?
Agustín: No deja de sorprendernos cada cosa nueva que nos enteramos. Desde la primera vez que vimos una cara desconocida en un show…
Ezequiel: ¡La primera boca que ves que canta una canción tuya! Es loco. Pero no sucedió de un día para otro, y nos agarran siempre bien parados a nosotros como personas. La gente sabe quiénes somos, nos puede ver mucho, entonces hay una relación bastante linda, humana. No es que de repente no podés salir a la calle.
A: Nos sigue alegrando y dando energía. Es también una responsabilidad en lo artístico, de aprender y en cada cosa nueva que hacemos tratar de dar más, generar algo nuevo.

¿Tuvieron momentos críticos en la historia de la banda, o pudieron mantener un ritmo estable?
A: No hemos tenido grandes crisis. En estos 17 años la vida de cada uno de nosotros pasó por un montón de situaciones. La banda continuamente está en una adaptación a nosotros y nuestras familias, y viceversa. Somos un arbolito flexible, vienen los vientos y no lo tumban. Cuando hay que esperar un cachito que pase un poco la tormenta, se espera, se retoman los temas. Vamos tranquilos. Nos cuidamos bastante.
E: Si no nos cuidamos nosotros... No son muchas las bandas que están tantos años, sobre todo peleándola. Hay las que viven de una manera muy tranquila: saben que se van de gira dos meses y después no laburan ocho. Puede pasar. Nosotros ya no nos podemos ir de gira dos meses.

¿Cómo manejan las giras ahora?
E: Cuando arrancamos nos íbamos y volvíamos cuando volvíamos. Ahora si nos vamos sabemos que estamos dejando un montón de personas y personitas... son más cortas las giras. Además nosotros somos un montón de gente más, no sólo los músicos. Tratamos de que estén bien organizadas, que sean concretas. No salimos a la deriva como antes. Tenemos la suerte de que nos llaman de lugares que a veces ni conocemos el nombre, pueblos muy chiquitos y lejos. Eso es permanente. Hay kilómetros. Y todavía nos falta, hay lugares a los que queremos ir. A Uruguay vamos mucho, hemos ido a Brasil, a Cuba, pero estamos con ganas de tejer algunas redes.
A: Hay que sembrar. Todo el trabajo que uno hizo acá de base hay que ir a hacerlo afuera y no es fácil. Tenés que contar con plata para arrancar, para viajar, y para volver. (Risas)

¿A qué lugares les gustaría llegar?
E: En el país, a Ushuaia, no fuimos nunca. Después nos quedan pocas provincias. Hay lugares que cuesta más que otros: de Catamarca nos llaman pero siempre algo pasa. Una cuestión que tiene que ver con la política. Cuando hay festivales, que los bancan las gobernaciones o las mineras, y se enteran que va a ir Arbolito, dicen que no porque “va a haber quilombo”. Nos habían llamado del Festival del Poncho. En las asambleas, la gente más del palo nuestro se puso re contenta, y los del festival dijeron que no. Es un tema la deuda con Catamarca.

Sus letras tienen un fuerte contenido social, ¿sufrieron censuras por eso?
A: No es algo muy explícito, es un mar de fondo, se rumorea…
E: Nosotros somos muy profesionales en lo que hacemos. No nos embanderamos y si te invitan a un lugar, no vas a ir a hacer quilombo. Tratamos de ir a lugares que queremos, siempre.
 A: Tampoco nos podemos responsabilizar por gente que nos va a ver y despliega una bandera, es la libertad de la gente de expresarse. Pero el que nos llama ya sabe qué es Arbolito. Somos una banda que a la vez propone la fiesta, el encuentro, decir las cosas de un modo tranquilo. No es ir a cantarle en la cara. A veces habremos reaccionado con situaciones tensas, que uno percibe que hay mal onda, pero son casos aislados.

Su público responde de la misma forma, celebrando las críticas desde la alegría…
E: Es eso, las canciones dicen cosas, entonces alguien se puede sentir tocado. Nos ha pasado con el tema “Sobran”: vamos a tocar mucho a fiestas populares que las organizan municipios, y por ahí dicen: “No toquen ese tema porque viene tal, un concejal de no sé qué…” ¿Y qué tiene que ver? Aparte si te hacés cargo, te hacés cargo vos.
A: Claro, no es para toda la clase política. Es para quien uno considere que sobra. La gente del palo de la política social se identifica con mucho de lo que dice la canción. Es para discutir, no para ofender.
E: Cuando hacemos una canción sabemos lo que estamos diciendo. La banda es una ventana enorme que se abre a decir lo que sentís, y si la gente lo recibe y lo hace propio, está buenísimo. Es una manera de participar en las cosas que pasan. Si no tuviéramos la banda cada uno seguramente estaría en algún lugar militante, político o como sea, porque son las sensibilidades que tenemos.

CAMBIAR LA PIEL

¿Cómo encaran la edición de discos después de haber trabajado con Sony y con sellos independientes?
A: En el 2000 conocimos a Diego Boris, que estaba gestando la UMI. Nos contó un poco cómo era, las conquistas, lo bueno que estaba. La arveja esperanza (2002), el segundo disco, está con la UMI. Después hubo dos discos que hicimos con la discográfica: Cuando salga el sol (2008) y Despertándonos (2009). Siempre hicimos las cosas de forma independiente. El “negocio" de la música, desde la visión de la compañía, se está reestructurando. El disco es difícil comercializarlo, es más una manera de difusión. Se está popularizando mucho el subir todo tu material a internet, las descargas gratuitas. Y a las compañías, las bandas que no son una explosión masiva, comercialmente no les convienen, no les interesan.

¿Esta transformación de los medios los afectó como banda?
E: Somos de la generación del disco, le ponemos fichas a que exista como objeto. En las disquerías se vende, mucho menos que antes, pero quizá no nos afectó porque nunca vendimos mucho ahí. A los que vendían cientos de miles de discos, sí. Ahora se volvió un poco a lo que era en el '40, en el '50, que las bandas vivían de salir a tocar todos los días. Cuando empezó la explosión de las discográficas, muchas bandas ni tocaban, firmaban contratos millonarios y vivían de eso. Siendo independientes o no, le ponemos todo al disco, ¿y para qué si después está en Youtube en una semana? Nosotros apostamos a eso. Tener el disco, tener el librito.

¿Cuál fue el desafío en Acá Estamos?
E: Quisimos superar lo que habíamos hecho, por más que no teníamos un mango. Nos sirvió la experiencia discográfica, aprendimos a laburar en un estudio, con productor artístico, cosas que hacen que uno crezca mucho como artista. Ahora nosotros también somos productores. Hablamos con Tito Fargo, y el técnico que fue Walter Chacón, el mismo que grabó los discos con la compañía. Armamos todo un equipo como para superarnos. Lo más difícil de todo es bancar una movida así, había que apostar. Lo mismo ahora, nos pusimos a hacer un dvd y lo quisimos hacer con todo. Es un show en el C.C. Haroldo Conti (ex ESMA) que hicimos en febrero y sale a fin de mes. Lo vimos terminado y creo que superó las expectativas de las primeras reuniones. En todo: en audio, en imagen. Es una apuesta terrible porque es doble, dvd más cd. Hablábamos del público, que nos siguen hace un montón de años, y está buenísimo que vean eso. Se merecen que uno crezca todo el tiempo.

En escena aparecen como un grupo sin un líder definido. ¿La creación también es colectiva?
E: Es colectiva y es individual. El día que decimos: “Vamos a hacer un disquito nuevo, ¿qué canciones hay?”, Agus trae sus canciones, yo traigo las mías, Pedro (Borgobello) las de él, y de repente nos damos cuenta y tenemos 20 canciones. Ahí empezamos a elegir, a modificar.
A: Los procesos de llegar a la canción ya son más ágiles. Estaban las canciones puritas, chiquititas, y en muy poquito tiempo las hicimos sonar. Eso nos deja tranquilos. Antes le dábamos vueltas, las complejizábamos mucho.
E: Hasta que trabajamos con Sony nunca habíamos trabajado con un productor artístico y ahí aprendimos un montón. No nos enroscamos.

En este último trabajo es que condensaron el sonido, tiene un estilo maduro y sencillo, manteniendo el sello de la banda…
E: La idea fue priorizar la canción. No tuvimos invitados, salvo Tito. Y priorizar los instrumentos. Si en una canción está la traversa, bueno, que suene con todo. No con ocho instrumentos que no le den lugar. Lo que cada uno toca en ese tema es lo que está al frente.

Hay muchos temas que no suelen hacer en vivo, ¿los resucitan cada tanto?
E: Hay canciones que son más para estudio o para escucharlas en tu casa en el sillón. El vivo ya te genera algo que es más arriba. Como el otro día en la Sociedad Italiana de Morón, que te subís a tocar a las 2 de la mañana y la gente ya está al palo, no podés hacer tres temas lentos. Por eso hace dos años inventamos el Ciclo Acústico, que lo hacemos los meses de junio en el CAFF de la Fernández Fierro, y ahí sí tocamos esos temas que hace un montón que no tocamos.
A: Nos hace conectar con el instrumento. Lo acústico es lo que más se complica amplificar en un escenario; quizá pierden su naturaleza el charango, el legüero. Estando sentados con la gente ahí cerquita, a poco volumen, hay una vibración más sutil que disfrutamos un montón. Pasa por otro lado. Al músico interior le hace bien, te renueva.

FLUIR NO ES DEJARSE LLEVAR

En su identidad musical también aparecen otras figuras como Osvaldo Bayer o las madres, que delinean una forma de pensar…
E: Nos tocó un momento histórico muy importante, vivir todo el proceso de la lucha de las madres, las abuelas, desde años donde eran profundamente mal vistas. Nosotros hemos tocado con ellas un montón de veces, en las primeras fiestas de H.I.J.O.S., en el IMPA… Las redes tienen que ver con nuestra generación.

Desde ese lugar, ¿cómo analizan la realidad nacional?
A: Hay muchas cosas que se transformaron en estos años, muchas se lograron torcer para bien. Antes eran luchas de estar en la calle constantemente. En el caso de Zanón, que tengan la expropiación de la fábrica, es primero porque ellos decidieron tomarla, hicieron una gestión increíble, un ejemplo de solidaridad y de cabeza tremendo, y después porque existió la decisión política de apoyarlos. Tras el cambio que hubo nos dimos cuenta que podíamos recuperar la política como herramienta para transformar, no sólo desde la barricada, sino encarando determinados lugares de “poder”. Siempre nos habíamos sentido muy escépticos porque vimos el desmoronamiento de la democracia hacia los ‘90 y fines del 2000.
A: El caso de las abuelas es claro: una lucha que trasciende a los partidos políticos, a los gobiernos, pero cuando hubo una decisión política, 155 nietos recuperados.

¿Y cómo imaginan el panorama del 2015?
E: La democracia no es perfecta ni completa, hay muchas cosas que te hacen dudar de si sirve. Pibes que se mueren de hambre, gente que no tiene casa, no tiene techo. Dentro de la democracia hay que tratar de transformar todas esas cosas. Después está toda la cuestión de los partidos, las elecciones… son una gran corporación de gente que se cuida y se van moviendo con los sindicalistas. Lo bueno es que ahora vemos eso; antes no nos dábamos cuenta. Salió muy a la luz cómo se manejan los medios, los sindicatos…
A: Las fichitas que se van de un equipo a otro. Eso es parte de los políticos que sobran. El laburante político no es el que hace política. Hay una militancia nueva, pibes que no tienen la misma cabeza que tuvimos nosotros hace 20 años. Todos estos tejes y manejes del poder, que existieron desde siempre, nosotros no lo teníamos tan claro. O sí, pero desde un lugar lejano: “Son todos transas, unos hijos de puta”.

¿Por qué creen que ahora está más claro?
E: Primero por la democracia, eso ya es un cambio rotundo. Yo fui a la primaria en dictadura, y los años que siguieron el miedo estaba, las cosas no se decían. Cierto crecimiento en la democracia hace que seamos más libres. Al haber más libertades se desenmascararon un montón de cosas. Con la Ley de Medios, con la lucha que hubo…
A: Cuando éramos chicos lo que decía el diario era la posta. Hoy estamos viviendo una época que dentro de uno años vamos a decir: “Qué locura, ¿cómo puede ser que los diarios importantes publiquen exactamente lo contrario durante tantos años, que haya polaridad vergonzosa?”. En el medio cada uno de nosotros tiene que deshilvanar la noticia y calentarse por tratar de sacar tu propia conclusión.
E: Ahora mucha gente no lee los diarios, y la noticia en internet pasa. Las verdades no se pueden ocultar tanto.

Existe la desinformación también…
A: Sí, en algunas cosas. A nivel global, el dueño de internet es EEUU. Hay un montón de cosas que no sabemos de otras partes del mundo.
E: Pero en cuestiones internas, el otro día cuando fueron los desalojos en Lugano, al toque en internet estaba todo y la gente empezó a saber qué pasaba. No esperás al noticiero a ver qué te cuenta Telenueve. 

Septiembre/14

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