¿Cómo se sostiene una identidad sonora por casi 20 años? ¿Cómo se le escapa a la polaridad manteniendo un mensaje crítico? El Arbolito tiene raíces profundas y resistentes. Con 6 discos editados y casi 20 años de carrera, se los ve –y escucha- cada vez más sólidos, conservando las ganas de seguir desafiándose.
Charlamos con Agustín
Ronconi y Ezequiel Jusid, que hace pocas noches anduvieron por el oeste con su
ciclo Vinito y Amor. Desde su sala de ensayo en un sótano inadvertido de Parque
Patricios, nos contaron de su último trabajo de estudio, Acá Estamos, su primer dvd, Mil
Colores, y su visión sobre el arte y la política como una herramienta de
cambio.
LA MALA REPUTACIÓN
En su trayectoria
conquistaron un público muy amplio, que llena las fechas y hasta se tatúa
símbolos de Arbolito. ¿Cómo es su relación con sus seguidorxs?
Agustín: No deja de
sorprendernos cada cosa nueva que nos enteramos. Desde la primera vez que vimos
una cara desconocida en un show…
Ezequiel: ¡La primera
boca que ves que canta una canción tuya! Es loco. Pero no sucedió de un día
para otro, y nos agarran siempre bien parados a nosotros como personas. La
gente sabe quiénes somos, nos puede ver mucho, entonces hay una relación
bastante linda, humana. No es que de repente no podés salir a la calle.
A: Nos sigue
alegrando y dando energía. Es también una responsabilidad en lo artístico, de
aprender y en cada cosa nueva que hacemos tratar de dar más, generar algo
nuevo.
¿Tuvieron momentos
críticos en la historia de la banda, o pudieron mantener un ritmo estable?
A: No hemos tenido
grandes crisis. En estos 17 años la vida de cada uno de nosotros pasó por un
montón de situaciones. La banda continuamente está en una adaptación a nosotros
y nuestras familias, y viceversa. Somos un arbolito flexible, vienen los
vientos y no lo tumban. Cuando hay que esperar un cachito que pase un poco la
tormenta, se espera, se retoman los temas. Vamos tranquilos. Nos cuidamos
bastante.
E: Si no nos
cuidamos nosotros... No son muchas las bandas que están tantos años, sobre todo
peleándola. Hay las que viven de una manera muy tranquila: saben que se van de
gira dos meses y después no laburan ocho. Puede pasar. Nosotros ya no nos
podemos ir de gira dos meses.
¿Cómo manejan las
giras ahora?
E: Cuando
arrancamos nos íbamos y volvíamos cuando volvíamos. Ahora si nos vamos sabemos
que estamos dejando un montón de personas y personitas... son más cortas las
giras. Además nosotros somos un montón de gente más, no sólo los músicos.
Tratamos de que estén bien organizadas, que sean concretas. No salimos a la
deriva como antes. Tenemos la suerte de que nos llaman de lugares que a veces
ni conocemos el nombre, pueblos muy chiquitos y lejos. Eso es permanente. Hay
kilómetros. Y todavía nos falta, hay lugares a los que queremos ir. A Uruguay
vamos mucho, hemos ido a Brasil, a Cuba, pero estamos con ganas de tejer
algunas redes.
A: Hay que
sembrar. Todo el trabajo que uno hizo acá de base hay que ir a hacerlo afuera y
no es fácil. Tenés que contar con plata para arrancar, para viajar, y para
volver. (Risas)
¿A qué lugares les
gustaría llegar?
E: En el país, a Ushuaia,
no fuimos nunca. Después nos quedan pocas provincias. Hay lugares que cuesta
más que otros: de Catamarca nos llaman pero siempre algo pasa. Una cuestión que
tiene que ver con la política. Cuando hay festivales, que los bancan las
gobernaciones o las mineras, y se enteran que va a ir Arbolito, dicen que no
porque “va a haber quilombo”. Nos habían llamado del Festival del Poncho. En
las asambleas, la gente más del palo nuestro se puso re contenta, y los del
festival dijeron que no. Es un tema la deuda con Catamarca.
Sus letras tienen
un fuerte contenido social, ¿sufrieron censuras por eso?
A: No es algo muy
explícito, es un mar de fondo, se rumorea…
E: Nosotros somos
muy profesionales en lo que hacemos. No nos embanderamos y si te invitan a un
lugar, no vas a ir a hacer quilombo. Tratamos de ir a lugares que queremos,
siempre.
A: Tampoco nos podemos responsabilizar por gente
que nos va a ver y despliega una bandera, es la libertad de la gente de
expresarse. Pero el que nos llama ya sabe qué es Arbolito. Somos una banda que
a la vez propone la fiesta, el encuentro, decir las cosas de un modo tranquilo.
No es ir a cantarle en la cara. A veces habremos reaccionado con situaciones
tensas, que uno percibe que hay mal onda, pero son casos aislados.
Su público
responde de la misma forma, celebrando las críticas desde la alegría…
E: Es eso, las
canciones dicen cosas, entonces alguien se puede sentir tocado. Nos ha pasado
con el tema “Sobran”: vamos a tocar mucho a fiestas populares que las organizan
municipios, y por ahí dicen: “No toquen ese tema porque viene tal, un concejal
de no sé qué…” ¿Y qué tiene que ver? Aparte si te hacés cargo, te hacés cargo
vos.
A: Claro, no es
para toda la clase política. Es para quien uno considere que sobra. La gente
del palo de la política social se identifica con mucho de lo que dice la
canción. Es para discutir, no para ofender.
E: Cuando hacemos
una canción sabemos lo que estamos diciendo. La banda es una ventana enorme que
se abre a decir lo que sentís, y si la gente lo recibe y lo hace propio, está
buenísimo. Es una manera de participar en las cosas que pasan. Si no tuviéramos
la banda cada uno seguramente estaría en algún lugar militante, político o como
sea, porque son las sensibilidades que tenemos.
CAMBIAR LA PIEL
¿Cómo encaran la
edición de discos después de haber trabajado con Sony y con sellos
independientes?
A: En el 2000 conocimos
a Diego Boris, que estaba gestando la UMI. Nos contó un poco cómo era, las
conquistas, lo bueno que estaba. La
arveja esperanza (2002), el segundo disco, está con la UMI. Después hubo
dos discos que hicimos con la discográfica: Cuando
salga el sol (2008) y Despertándonos
(2009). Siempre hicimos las cosas de forma independiente. El “negocio" de
la música, desde la visión de la compañía, se está reestructurando. El disco es
difícil comercializarlo, es más una manera de difusión. Se está popularizando
mucho el subir todo tu material a internet, las descargas gratuitas. Y a las
compañías, las bandas que no son una explosión masiva, comercialmente no les
convienen, no les interesan.
¿Esta
transformación de los medios los afectó como banda?
E: Somos de la
generación del disco, le ponemos fichas a que exista como objeto. En las
disquerías se vende, mucho menos que antes, pero quizá no nos afectó porque
nunca vendimos mucho ahí. A los que vendían cientos de miles de discos, sí.
Ahora se volvió un poco a lo que era en el '40, en el '50, que las bandas
vivían de salir a tocar todos los días. Cuando empezó la explosión de las
discográficas, muchas bandas ni tocaban, firmaban contratos millonarios y
vivían de eso. Siendo independientes o no, le ponemos todo al disco, ¿y para
qué si después está en Youtube en una semana? Nosotros apostamos a eso. Tener
el disco, tener el librito.
¿Cuál fue el
desafío en Acá Estamos?
E: Quisimos
superar lo que habíamos hecho, por más que no teníamos un mango. Nos sirvió la
experiencia discográfica, aprendimos a laburar en un estudio, con productor
artístico, cosas que hacen que uno crezca mucho como artista. Ahora nosotros
también somos productores. Hablamos con Tito Fargo, y el técnico que fue Walter
Chacón, el mismo que grabó los discos con la compañía. Armamos todo un equipo
como para superarnos. Lo más difícil de todo es bancar una movida así, había
que apostar. Lo mismo ahora, nos pusimos a hacer un dvd y lo quisimos hacer con
todo. Es un show en el C.C. Haroldo Conti (ex ESMA) que hicimos en febrero y
sale a fin de mes. Lo vimos terminado y creo que superó las expectativas de las
primeras reuniones. En todo: en audio, en imagen. Es una apuesta terrible
porque es doble, dvd más cd. Hablábamos del público, que nos siguen hace un
montón de años, y está buenísimo que vean eso. Se merecen que uno crezca todo
el tiempo.
En escena aparecen
como un grupo sin un líder definido. ¿La creación también es colectiva?
E: Es colectiva y
es individual. El día que decimos: “Vamos a hacer un disquito nuevo, ¿qué
canciones hay?”, Agus trae sus canciones, yo traigo las mías, Pedro (Borgobello)
las de él, y de repente nos damos cuenta y tenemos 20 canciones. Ahí empezamos
a elegir, a modificar.
A: Los procesos de
llegar a la canción ya son más ágiles. Estaban las canciones puritas, chiquititas,
y en muy poquito tiempo las hicimos sonar. Eso nos deja tranquilos. Antes le
dábamos vueltas, las complejizábamos mucho.
E: Hasta que
trabajamos con Sony nunca habíamos trabajado con un productor artístico y ahí
aprendimos un montón. No nos enroscamos.
En este último
trabajo es que condensaron el sonido, tiene un estilo maduro y sencillo,
manteniendo el sello de la banda…
E: La idea fue
priorizar la canción. No tuvimos invitados, salvo Tito. Y priorizar los
instrumentos. Si en una canción está la traversa, bueno, que suene con todo. No
con ocho instrumentos que no le den lugar. Lo que cada uno toca en ese tema es
lo que está al frente.
Hay muchos temas
que no suelen hacer en vivo, ¿los resucitan cada tanto?
E: Hay canciones
que son más para estudio o para escucharlas en tu casa en el sillón. El vivo ya
te genera algo que es más arriba. Como el otro día en la Sociedad Italiana de
Morón, que te subís a tocar a las 2 de la mañana y la gente ya está al palo, no
podés hacer tres temas lentos. Por eso hace dos años inventamos el Ciclo Acústico,
que lo hacemos los meses de junio en el CAFF de la Fernández Fierro, y ahí sí
tocamos esos temas que hace un montón que no tocamos.
A: Nos hace conectar
con el instrumento. Lo acústico es lo que más se complica amplificar en un
escenario; quizá pierden su naturaleza el charango, el legüero. Estando
sentados con la gente ahí cerquita, a poco volumen, hay una vibración más sutil
que disfrutamos un montón. Pasa por otro lado. Al músico interior le hace bien,
te renueva.
FLUIR NO ES DEJARSE LLEVAR
En su identidad
musical también aparecen otras figuras como Osvaldo Bayer o las madres, que
delinean una forma de pensar…
E: Nos tocó un
momento histórico muy importante, vivir todo el proceso de la lucha de las
madres, las abuelas, desde años donde eran profundamente mal vistas. Nosotros
hemos tocado con ellas un montón de veces, en las primeras fiestas de
H.I.J.O.S., en el IMPA… Las redes tienen que ver con nuestra generación.
Desde ese lugar,
¿cómo analizan la realidad nacional?
A: Hay muchas
cosas que se transformaron en estos años, muchas se lograron torcer para bien. Antes
eran luchas de estar en la calle constantemente. En el caso de Zanón, que
tengan la expropiación de la fábrica, es primero porque ellos decidieron
tomarla, hicieron una gestión increíble, un ejemplo de solidaridad y de cabeza
tremendo, y después porque existió la decisión política de apoyarlos. Tras el
cambio que hubo nos dimos cuenta que podíamos recuperar la política como
herramienta para transformar, no sólo desde la barricada, sino encarando
determinados lugares de “poder”. Siempre nos habíamos sentido muy escépticos
porque vimos el desmoronamiento de la democracia hacia los ‘90 y fines del
2000.
A: El caso de las
abuelas es claro: una lucha que trasciende a los partidos políticos, a los
gobiernos, pero cuando hubo una decisión política, 155 nietos recuperados.
¿Y cómo imaginan
el panorama del 2015?
E: La democracia
no es perfecta ni completa, hay muchas cosas que te hacen dudar de si sirve. Pibes
que se mueren de hambre, gente que no tiene casa, no tiene techo. Dentro de la
democracia hay que tratar de transformar todas esas cosas. Después está toda la
cuestión de los partidos, las elecciones… son una gran corporación de gente que
se cuida y se van moviendo con los sindicalistas. Lo bueno es que ahora vemos
eso; antes no nos dábamos cuenta. Salió muy a la luz cómo se manejan los
medios, los sindicatos…
A: Las fichitas
que se van de un equipo a otro. Eso es parte de los políticos que sobran. El
laburante político no es el que hace política. Hay una militancia nueva, pibes
que no tienen la misma cabeza que tuvimos nosotros hace 20 años. Todos estos
tejes y manejes del poder, que existieron desde siempre, nosotros no lo
teníamos tan claro. O sí, pero desde un lugar lejano: “Son todos transas, unos
hijos de puta”.
¿Por qué creen que
ahora está más claro?
E: Primero por la
democracia, eso ya es un cambio rotundo. Yo fui a la primaria en dictadura, y
los años que siguieron el miedo estaba, las cosas no se decían. Cierto crecimiento
en la democracia hace que seamos más libres. Al haber más libertades se desenmascararon
un montón de cosas. Con la Ley de Medios, con la lucha que hubo…
A: Cuando éramos
chicos lo que decía el diario era la posta. Hoy estamos viviendo una época que
dentro de uno años vamos a decir: “Qué locura, ¿cómo puede ser que los diarios
importantes publiquen exactamente lo contrario durante tantos años, que haya
polaridad vergonzosa?”. En el medio cada uno de nosotros tiene que deshilvanar
la noticia y calentarse por tratar de sacar tu propia conclusión.
E: Ahora mucha gente
no lee los diarios, y la noticia en internet pasa. Las verdades no se pueden
ocultar tanto.
Existe la
desinformación también…
A: Sí, en algunas
cosas. A nivel global, el dueño de internet es EEUU. Hay un montón de cosas que
no sabemos de otras partes del mundo.
E: Pero en
cuestiones internas, el otro día cuando fueron los desalojos en Lugano, al
toque en internet estaba todo y la gente empezó a saber qué pasaba. No esperás
al noticiero a ver qué te cuenta Telenueve.
Septiembre/14
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